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sábado, 23 de abril de 2016

EL PROBLEMA DE LA UNIDAD EN UNA PERSPECTIVA HISTÓRICA (Análisis de la estrategia del Partido Comunista Uruguayo a la luz de los resultados)


Por José Luis Perera
       
        -  SÉPTIMA PARTE -

¿QUÉ HACER?

Lo primero a analizar es estas cuestiones: ver lo que que se ha avanzado –si es que se ha avanzado-, y si no se avanzó, por qué, qué es lo que hay que modificar de la estrategia y la táctica. Si hace más de medio siglo el PCU se planteó como estrategia la unidad de la clase obrera y de las fuerzas de izquierda, para lograr determinados objetivos básicamente anticapitalistas, antilafundistas, antioligárquicos y antiimperialistas, y habiendo logrado la unidad hoy estamos parados en el mismo punto que hace medio siglo atrás (siendo generosos), algo necesita ser analizado.
Y lo que digo y propongo no es una genialidad que se me haya ocurrido a mí, puesto que eso no es algo que suela pasarme. Lo que digo y propongo ya lo decía Lenin hace bastante tiempo:

Lo más seguro, cuando se trata de un problema de ciencia social, y lo más necesario para adquirir realmente el hábito de enfocar este problema en forma correcta, sin perdernos en un cúmulo de detalles o en la inmensa variedad de opiniones contradictorias; lo más importante para abordar el problema científicamente, es no olvidar el nexo histórico fundamental, analizar cada problema desde el punto de vista de cómo surgió en la historia el fenómeno dado y cuáles fueron las principales etapas de su desarrollo y, desde el punto de vista de su desarrollo, examinar en qué se ha convertido hoy”. (V. I. Lenin. "SOBRE EL ESTADO". Conferencia pronunciada en la Universidad Sverdlov el 11 de julio de 1919).

Si se elaboró una línea política cuya estrategia central era una lucha antimonopolista, antilatifundista, antiimperialista, como forma de acumulación de fuerzas para crear la base para la política de alianzas del partido y su actividad en el movimiento obrero y popular con el objetivo de resolver la cuestión fundamental del poder; poder popular que crearía la base económica cuya característica básica sería la socialización de los medios de producción concentrados y la planificación central, y hoy se está integrando un gobierno cuyo norte es el libre mercado y se asusta hasta de construir un frigorífico multimodal que no asustó al batllismo, allí hay cosas para analizar.

La realidad objetiva nos dice que no existe un sistema socioeconómico intermedio entre el capitalismo y el socialismo, y por lo tanto no existe un poder intermedio. El poder lo ejercen las clases dominantes. Si bien el Partido desarrolló la teoría de “democracia avanzada”, la misma tiene que ver con determinadas características políticas que estamos lejos de tener. Y en este punto quisiera transcribir unas reflexiones de María Luisa Battegazzore en lo que tiene que ver con la categoría “democracia avanzada” en Rodney Arismendi:

DEMOCRACIA AVANZADA

En Lenin, la revolución y América Latina, un extenso estudio del problema de las vías, la expresión “democracia avanzada” –por lo demás, un término de raíz leninista- reviste básicamente dos sentidos. Primero, orientación política: así habla de “partidos y personalidades democráticos avanzados, en general subjetivamente socialistas ...” Pero además, caracteriza un régimen político-social que, al mismo tiempo, pueda ser camino de aproximación al socialismo, dependiendo de las condiciones histórico-sociales, en particular, de qué clases o sectores de clases hegemonicen el bloque histórico. Entre los conceptos de “régimen” y “ruta”, estado y proceso, no hay relación de exclusión, sino contradictoriedad dialéctica”.

Y más adelante:
A nuestro parecer, en el pensamiento de Arismendi, la posibilidad de que, dentro del marco de las instituciones burguesas, un gobierno con mayoría de las fuerzas populares alcance a configurar un régimen democrático avanzado, deriva de las siguientes condiciones:

- el carácter de clase del bloque social que lo impulsa y qué clase o sectores de clase tienen la hegemonía o la adquieren en el curso del proceso

- el programa que efectivamente ponga en práctica, esto es, su capacidad de tomar medidas radicales en el sentido de la democratización de las relaciones económico-sociales y también jurídico-institucionales, ensanchando la participación efectiva, y no sólo formal, del pueblo en las tareas de gobierno.

- la acción de las masas populares conscientes y movilizadas, sosteniendo e impulsando el proceso, imprimiendo su sello y marcando rumbos

- una orientación al menos subjetivamente socialista, es decir, la voluntad y el proyecto de trascender y superar los marcos del capitalismo.

Esto excluye el concepto estático de democracia avanzada como etapa cerrada. Pero sobre todo implica la preparación consciente en esa dirección, que exige modificar no sólo las relaciones económicas y jurídicas. Es necesaria una transformación moral: educar en nuevos valores, crear nuevos hábitos, nuevas formas de convivencia, construir en la vida social las formas concretas de realización de las tendencias democratizadoras, “de cara al futuro y no al pasado”. Sería bueno recordar las conclusiones de Lenin a partir de la experiencia del trabajo voluntario, así la forja del “hombre nuevo” que proponía el Che. Pensamos que es en este sentido que Arismendi habla de “los valores universales de la democracia”

En ese sentido, difícilmente podamos hablar de democracia avanzada hoy en día, ni por las clases que conducen, ni por el programa que se pone efectivamente en práctica, ni por la acción de las masas sosteniendo el proceso, ni por una orientación al menos subjetivamente socialista, ni por una voluntad de superar los marcos del capitalismo. Eso está claro. Pero tampoco me atrevería a decir que estamos avanzando en democracia rumbo a una democracia avanzada.

Y no quiero dejar de darle la importancia que se merece a la cuestión de la “transformación moral”. Es bueno pensar en cuales son los valores que se están inculcando (al interior de la fuerza política gobernante y hacia la sociedad en su conjunto) cuando un presidente (Tabaré Vázquez) le miente a su fuerza política y a los miembros de su gobierno cuando decía que no estaba gestionando un TLC con los Estados Unidos, o cuando le oculta a su gobierno y a su fuerza política cuestiones tan relevantes como el pedido de ayuda a Bush (pero lo cuenta graciosamente en un colegio del Opus Dei), o cuando actuó abiertamente contra resoluciones de su propia fuerza política (veto a dos leyes votadas por el FA, la del aborto y la del seguro que beneficiaba a los trabajadores). O cuando Mujica y Astori concurren al parlamento a decirles a los legisladores que no votaran la ley de anulación de la impunidad que expresamente había mandatado el Congreso, la Mesa Política Nacional y tres Plenarios Nacionales consecutivos.
Y es bueno plantearse estas cuestiones morales cuando quienes actuaron de esa manera fueron premiados con una nueva presidencia, una nueva banca en el senado o un regreso al ministerio de economía en lugar de ser sancionados. O cuando el vice presidente Sendic miente descaradamente acerca de un inexistente título que ostenta y un Plenario lo ovaciona y santifica.

martes, 19 de abril de 2016

EL PROBLEMA DE LA UNIDAD EN UNA PERSPECTIVA HISTÓRICA (Análisis de la estrategia del Partido Comunista Uruguayo a la luz de los resultados)


Por José Luis Perera
 
-  SEXTA PARTE -

SEGUNDA CARTA A LOS SOCIALISTAS

 
En la segunda carta a los socialistas (año 1956), el PCU decía:
Cuando tantas ilusiones quiebran en las masas por la conducta de las clases dominantes, la actuación concertada de comunistas y socialistas aglutinará a todos los sectores patrióticos con la vista puesta en las transformaciones democráticas, antiimperialistas y antifeudales, que las relaciones económico-sociales del país reclaman”.

Sin embargo, vemos –lamentablemente- en lo que han quedado las “transformaciones antiimperialistas” y antifeudales, cuando hemos tenido que asistir a la actuación de un presidente (casualmente perteneciente al Partido Socialista en ese momento), que firmó un Tratado de Protección de Inversiones con ese imperialismo; que buscó por todos los medios firmar un TLC, que envió tropas a Haití a hacerle el trabajo sucio al imperialismo, y que puso la frutilla de la torta arrodillándose ante el imperio para pedir al mayor genocida de la historia de los EEUU que asustara a nuestros hermanos argentinos. Pero que además volvió a ser promovido fervientemente como candidato para las siguientes elecciones, hasta por el propio Partido Comunista.

No quiero abundar en estas cuestiones, que se repiten a lo largo de la historia del PCU, y que tienen que ver con su concepción de una lucha frontal contra los problemas centrales de nuestro país: el imperialismo, el latifundio y el gran capital. Pero es bueno por ejemplo citar a Arismendi en el Informe al XVII Congreso:

La persistencia de la opresión nacional y de tareas económico-sociales de la revolución democrático-burguesa en el aspecto agrario, definen el doble carácter de la revolución y de las fuerzas que se le alinean. b) Partiendo de estos datos objetivos, concentra el fuego contra el imperialismo norteamericano, principal opresor del país y de América Latina y organizador de la guerra y la reacción en escala internacional, y contra los grandes terratenientes y grandes capitalistas antinacionales. Los objetivos de la revolución consisten primero, en la liberación económica total del país de la dominación imperialista; se asegura así una base sólida para una política consecuente de paz e independencia. De este modo, liquida a la vez, toda forma de subyugamiento a los monopolios imperialistas, particularmente norteamericanos y el conjunto de pactos y medidas políticas y militares que comprometen la República a la política bélica norteamericana. Los objetivos antiimperialistas (nacionales), de la revolución se entrelazan con sus objetivos agrarios y antifeudales (democráticos): efectuar una reforma agraria radical que concluya con la propiedad latifundista de la tierra y los resabios semifeudales. Ello impulsará el amplio desarrollo de las fuerzas productivas, el desenvolvimiento de la industria, la ganadería y la agricultura, y cambiará las condiciones de atraso social, miseria y sufrimiento que afecta a las grandes masas de la población”.

Más de 50 años después, y además de lo ya dicho respecto del imperialismo, del gran capital y el latifundio, el gobierno que integra el PCU tiene en manos un proyecto (aún no descartado) de acuerdo de defensa con el imperialismo yanqui, lo que deja por el camino además el objetivo de liquidar el conjunto de pactos y medidas políticas y militares que comprometen la República a la política bélica norteamericana.

UNA CONTRAREFORMA AGRARIA
Medio siglo después, ahora codo con codo, no solamente con los socialistas, sino con aquellos que empuñaron las armas al grito de “Por la tierra y con Sendic”, el problema de la tierra se ha profundizado con los gobiernos del Frente Amplio.

En la última década hemos asistido a una profunda transformación de la estructura agraria de la mano de la expansión e intensificación de las relaciones capitalistas en el campo, con el protagonismo de empresas regionales y transnacionales financiadas por el capital financiero. Estamos asistiendo a la consolidación del agronegocio en rubros como la soja, el trigo, la forestación, la ganadería y el arroz, todos rubros orientados a la exportación.

En el caso de la forestación, hemos llegado a un escenario en el cual tres empresas extranjeras controlan 650.000 hectáreas, cerca del 70% de la superficie forestada en el país. Estas mismas empresas también controlan la fase industrial y de comercialización: UPM (ex-Botnia) y Montes del Plata montaron, gracias a la concesión estatal de zonas francas libres de impuestos, mega-industrias de producción de pulpa de celulosa.

En el caso de la agricultura (soja y trigo fundamentalmente) 8 empresas, 7 extranjeras y una nacional, controlan 600.000 hectáreas, 50% del área sembrada. Las principales transnacionales agrícolas están presentes en Uruguay, en particular controlando la venta de insumos (Monsanto, Nidera, BASF) y el acopio y comercialización de los granos (Cargill, ADM, Bunge). Recientemente se conoció que estamos en el 10º lugar en el mundo en cuanto a superficie destinada a la producción de transgénicos.

La ofensiva del capital transnacional en el sector agropecuario provocó un intenso dinamismo en el mercado de tierras. América del Sur es una de las zonas del planeta más codiciadas por los compradores de tierra, lo que agudiza la concentración de la tierra en la zona del mundo donde este recurso está peor distribuido.

Las cifras del Censo General Agropecuario no hacen más que confirmar el proceso: entre 2000 y 2011 los uruguayos pasaron de controlar del 90,4% al 53,9% de la superficie productiva nacional, mientras que las personas jurídicas (sociedades anónimas en su mayoría) pasaron de controlar 1% a un 43,1% del territorio, apropiándose de casi 7 millones de hectáreas en sólo 11 años; mientras tanto la concentración de la tierra aumentó siendo que el 70% de los productores más chicos controlan sólo el 10% de la superficie, al tiempo que el 10% más grande acapara el 61% de la superficie nacional.

miércoles, 13 de abril de 2016

EL PROBLEMA DE LA UNIDAD EN UNA PERSPECTIVA HISTÓRICA (Análisis de la estrategia del Partido Comunista Uruguayo a la luz de los resultados)


Por José Luis Perera

  -  QUINTA PARTE -


PRIMERA CARTA AL PARTIDO SOCIALISTA

En la carta que el PCU enviara en 1955 al Partido Socialista, haciendo un fraternal llamado a la unidad, les decía que “El monopolio de la tierra por una pequeña minoría, agrava todos los elementos de la crisis que se acentúa en la economía nacional”. Cincuenta y ocho años después, y en parte gracias a un gobierno en el que están juntos, codo con codo, comunistas y socialistas, la minoría que detenta la propiedad de la tierra es todavía más pequeña, y además extranjera.

Les decían los comunistas a los socialistas:
Aspiran (los trabajadores) a que las riquezas que el Uruguay posee y produce, estén destinadas a brindar mejores condiciones de vida a las masas trabajadoras. Estas justas aspiraciones son frustradas por la existencia de un régimen de grandes propietarios feudales de la tierra y un puñado de potentados del gran capital, que aliados a los monopolios imperialistas extranjeros realizan formidables ganancias, mientras condenan a las masas a una doble explotación nacional y social, y se oponen a todo progreso social”.

Cincuenta y ocho años después, comunistas y socialistas integran un gobierno que favorece la concentración de la tierra y a los potentados del gran capital trasnacional que siguen acumulando formidables ganancias, gracias a las exenciones impositivas, zonas francas y otras medidas que los favorecen.
Hoy en día pululan los fondos de inversión, algunos de ellos yanquis, que invierten en nuestro país comprando tierras. Cuando queramos hacer algo con eso, seguramente sacarán a relucir el famoso Tratado de Protección de Inversiones.

En 2010, la REDIU mostraba que entre 2003 y 2009 los terratenientes de este país se habían enriquecido, por concepto de renta de la tierra y aumento del valor de sus campos en más de 30 mil millones de dólares. Actualizado ese dato, luego del último Censo Agropecuario, da que entre 2003 y 2013, por concepto de aumento del precio de la tierra los terratenientes de más de 200 hectáreas se enriquecieron en 46.451 (cuarenta y seis mil cuatrocientos cincuenta y un) millones de dólares. Si se le agrega la renta de la tierra, lo hicieron en 13.631 (trece mil seiscientos treinta uno) millones de dólares. Por lo cual la suma total en la que se enriquecieron los terratenientes en este país en los últimos 10 años es de 60.082 millones de dólares. En buena medida gracias a los gobiernos del FA.

Para colmo, el pago de impuestos sobre la tierra (contribución inmobiliaria, aportes patronales al BPS e impuesto al patrimonio) entre 2003 y 2012 alcanzó 665 millones de dólares. Esto representa prácticamente el 1% del enriquecimiento en el período. Y si se calcula la proporción del total de los impuestos pagados por el sector, (1.711 millones de dólares) es menos del 3%.
Y la redistribución de la riqueza sigue esperando a que algún día llegue la izquierda al gobierno, porque los propietarios de esta masa de tierra, 15 millones y medio de hectáreas sobre un total nacional de 16,5 millones, y beneficiarios de ese colosal aumento de riqueza, son menos de 14.500 personas y empresas nacionales y extranjeras.

Le decía el PCU a los socialistas:
La experiencia histórica enseña que la clase obrera es la fuerza social llamada a conducir a las masas populares a la conquista de una nueva sociedad. Del mismo modo, la experiencia histórica enseña que el poder de la clase obrera es mayor cuanto más poderosa y fuerte es la unidad del proletariado, la unidad sindical y la acción común de los Partidos Comunista y Socialista”.

Pero 58 años después, habiendo logrado la unidad del proletariado en una sola Central, y la acción común de los Partidos Comunista y Socialista, no está tan claro que estén conduciendo a las masas populares a la conquista de una nueva sociedad. ¿Era falsa la premisa? ¿En qué se falló? Creo firmemente que estas cosas son las que hay que estudiar si se quiere avanzar. ¿Será que el problema estuvo en el resto de las fuerzas que se sumaron a ambos partidos históricos? Porque en la carta también decía el PCU:

Por otra parte, comunistas y socialistas no podemos olvidar que proclamamos que nuestra aspiración es el socialismo. Bien que existan diferentes concepciones de cómo alcanzar esa meta socialista, esa simple comunidad de postulados no puede menos que hacer posible unir nuestros esfuerzos para luchar contra la explotación capitalista…”

¿No será que se terminó sumando fuerzas y sectores que por su condición de clase no solo que no aspiran al socialismo ni contra la explotación capitalista, sino que se opondrán con energía a quienes quieran ese rumbo? Porque allí decía también el PCU que “Se puede agregar que todo cuanto suponga elevar la conciencia socialista de los trabajadores, liberarlos de la influencia ideológica de la burguesía, se traduciría en fortalecimiento de los partidos de la clase obrera, de socialistas y comunistas”. Y sin embargo, es obvia la dificultad de liberar a los trabajadores de la influencia ideológica de la burguesía, cuando se participa de un gobierno en el cual, la mayoría de sus integrantes, defienden con energía y abrazan con pasión la ideología de la burguesía.

Se invitaba a los socialistas a una lucha común “…por los aumentos de salarios para los trabajadores, aumentos de sueldos para los funcionarios públicos y municipales y de las jubilaciones y pensiones para las clases pasivas, por una política impositiva que no recaiga sobre los sectores populares sino sobre el gran latifundio, las grandes empresas y los monopolios extranjeros; en defensa de las libertades sindicales; por una política exterior independiente…”.

Pero 58 años después, y habiendo dejado miles de compañeros en la lucha, torturados, muertos, desaparecidos, presos, exiliados, integran juntos un gobierno que hace recaer el peso impositivo sobre los salarios más que sobre el capital (al cual se le rebajaron impuestos), que apenas logra poner un impuesto simbólico a las grandes extensiones y tiene que transar en que ese dinero les sea devuelto en caminería a ese mismo latifundio, que a las grandes empresas y monopolios extranjeros los exime del pago de impuestos, etc…

Porque tanto el actual, como el anterior gobierno del FA, han sido gobiernos que tiemblan ante el poder. El caso del impuesto al agro es un ejemplo claro, pero hay otros. No se ha querido enfrentar al poder de los grandes medios de comunicación, demorando interminablemente una ley de medios, y llegando finalmente a una que mantiene intacto el poder que ya tenían los dueños de los canales de televisión.
Y otro ejemplo claro, es también el de la negativa de Mujica a la creación del Frigorífico Multimodal, en donde sin ambages admitió que no quería hacerlo porque eso sería enfrentar a la rosca ganadera, como si no se hubiese luchado y perdido vidas de valiosos compañeros justamente para eso, para enfrentar al poder de la oligarquía.

sábado, 19 de marzo de 2016

EL PROBLEMA DE LA UNIDAD EN UNA PERSPECTIVA HISTÓRICA (Análisis de la estrategia del Partido Comunista Uruguayo a la luz de los resultados)

Por José Luis Perera 

-  CUARTA PARTE -

LOS GOBIERNOS DEL FA

Es claro que tanto los dos primeros gobiernos del FA, como el que está transcurriendo, no solo no han siquiera intentado oponerse al imperialismo, ni a la oligarquía ni a nada, sino que, muy por el contrario, hicieron algo que hasta ahora no se había hecho por parte de los gobiernos burgueses y ni siquiera por parte de la dictadura: protegerles las inversiones a los yanquis mediante un Tratado.

Y no llegaron a hacer un Tratado de Libre Comercio, gracias a la denodada lucha del PIT-CNT, de organizaciones sociales de variada índole, del PCU y de otros sectores de izquierda, pero está claro que el gobierno (los máximos exponentes, Tabaré Vázquez, Astori, Lepra, etc…) trabajaron intensamente para lograrlo. Creo no equivocarme si digo que algunas señales están indicando que el gobierno del FA volverá a intentar los caminos de un TLC, ya sea por cuenta propia o en el marco del Mercosur.

Ayer y hoy nuestros ministros de economía reciben los elogios y los premios de cuanto organismo capitalista hay en el mundo. Los grandes medios de prensa internacionales al servicio del capitalismo más salvaje se fascinan con el discurso del ex presidente Mujica, y nuestro gobierno recibe elogios de cuanto organismo financiero capitalista existe..
No es una casualidad que nuestros gobiernos y el de la concertación chilena hayan sido promovidos en el mundo como ejemplos de una izquierda pragmática y sensata, en contraposición a los “populismos” de los gobiernos del ALBA.

Eso en cuanto al enfrentamiento al imperialismo yanqui. Pero cosas parecidas podemos decir en cuanto a la “destrucción del régimen actual de terratenientes y grandes capitalistas” (objetivo que se proponía el PCU a través de la estrategia de la unidad), ya que como es público y notorio, en los gobiernos del FA se ha agudizado fantásticamente la concentración de la tierra y su extranjerización, y los grandes capitalistas (sobre todo extranjeros) han encontrado en estos gobiernos un caldo de cultivo apropiado para instalarse y desarrollarse a la vez que expoliar nuestros recursos (Botnia, Aratirí, Montes del Plata, frigoríficos, toda la cadena de la soja, etc…).

Pero luego agregaba Arismendi en el informe que venía citando en el artículo anterior:
“Masas cada vez más considerables, expresan su descontento por la situación económica y social del país, por la carestía inaguantable, por las empeoradas condiciones de existencia y aspiran clara o confusamente a un cambio. Estos elementos del despertar acentuado de grandes masas a la lucha, y en primer término de radicalización y de unidad creciente del proletariado, deben ser advertidos claramente por nuestro Partido, como el carácter más importante de la situación nacional, rasgo a tener en cuenta por todos nuestros militantes para ponerse al frente, con audacia y combatividad, sin sectarismos y sin disquisiciones esquemáticas, de las luchas reivindicativas de la clase obrera, de los campesinos, de las amplias masas populares, para elevarlas políticamente y poner en marcha así, por todos los caminos, la formación del Frente Democrático de Liberación Nacional. Si no comprendemos claramente que este es el carácter más notable de la situación nacional, no comprenderemos las posibilidades que se abren para el Partido, siempre a condición de una actuación combativa y firme al frente de la lucha reivindicativa de las masas, ni comprenderemos hasta el fin las tareas tácticas que nos fijamos ante el momento político del país”.

Sin duda que hay allí elementos como el despertar de grandes masas a la lucha, una radicalización y unidad creciente del proletariado, que debían y podían ser capitalizadas por el Partido para ponerse al frente y dirigir esas masas combativas. No tengo que decir que hoy en día la situación es claramente diferente. Las condiciones subjetivas están lejos de ser las de entonces, ya no hay grandes masas radicalizadas y en lucha para ponerse al frente y dirigir, y si las hubiera no existe un Partido Comunista –por su tamaño, militancia, etc.- capaz de eventualmente dirigirlas si las hubiera.

Muy por el contrario, las grandes masas se encuentran hoy adormecidas por un discurso progresista que canta loas al capitalismo y los logros obtenidos en el marco de ese modelo socio económico (loas que también cantan dirigentes sindicales comunistas). El FA se ha convertido hoy en un conglomerado de agrupaciones liberales y socialdemócratas, las que en su gran mayoría se han deslizado por el camino de la conciliación de clases, del oportunismo, y han tomado claras posiciones: han elegido el camino de defender y gestionar el capitalismo independientemente de las excusas y los pretextos que utilizan.

Y EL PARTIDO

Y tenemos un Partido Comunista que, por estar formando parte de esa coalición gobernante, no se muestra como lo que debería: como el Partido de la clase obrera, el que conducirá al proletariado a su emancipación, contra el capital, para derrocar la barbarie capitalista y por el socialismo, según lo que se espera de él.

Y esa es la cuestión que requiere un análisis profundo. Porque la  responsabilidad histórica como Partido Comunista, educado y formado en los principios de la lucha de clases, en la necesidad histórica de la lucha por el derrocamiento del régimen de la explotación del hombre por el hombre, en la construcción de la nueva sociedad, el socialismo, el comunismo, debería ser adoptar la estrategia mas apropiada para el logro de estos objetivos que son la esencia y la razón de ser de un partido comunista, la mayor contribución posible a los intereses de la clase obrera y de los sectores populares.

Porque ese informe del Congreso, hablaba de la maduración de las condiciones para la organización del Frente Democrático de Liberación Nacional, pero ponía el centro en algunas cuestiones centrales:
“La cuestión consiste en saber cómo nuestro Partido une a la clase obrera y a las masas populares, encabeza su lucha reivindicativa y facilita su pasaje a las posiciones revolucionarias, es decir, como organiza el gran movimiento de liberación contra el imperialismo yanqui y la oligarquía vendepatria que oprimen a nuestro pueblo. La tarea central del Partido en estas condiciones, es hallar las vías concretas para unir a estas grandes masas, aún dispersas, y encauzarlas por los distintos senderos de su propia lucha, hacia el gran caudal del Frente Democrático de Liberación Nacional”.

La pregunta es, lo que se logró construir en los casi 60 años que van desde aquel congreso, ¿se parece en algo a lo que requería el proceso que vislumbraban los comunistas de entonces? El  Partido ¿ha facilitado el pasaje de las masas hacia posiciones revolucionarias? ¿Tenemos hoy un movimiento de liberación contra el imperialismo yanqui y la oligarquía vendepatria?

Al parecer, nada de esto ocurre hoy, y bien podría decirse todo lo contrario, son grandes masas las que hoy se sienten indiferentes a la palabra imperialismo, y poca o ninguna reacción generó un Tratado que le protege las inversiones a ese imperialismo, ni siquiera desde la central de trabajadores. Cuando se produjo un episodio bochornoso y lamentable, en el cual un policía de civil patrullando en un coche de la embajada yanqui detuvieron a un joven para pedirle documentos, y el hecho no ameritó ni siquiera un comunicado del PIT-CNT, tampoco del FA, pero ni siquiera de nuestro propio Partido.

Sin duda que hay razones que explican en parte el enorme retroceso ideológico del pueblo uruguayo en todos los sentidos. No pasaron en vano once años de dictadura y otros 20 de neoliberalismo. Pero esa no puede ser la única explicación. Porque el pueblo boliviano, que hoy mayoritariamente apoya las medidas radicales de Evo Morales, tiene en su historia tal vez más años en dictadura que en democracia. Los argentinos vivieron en dictadura entre el 62 y el 63, y tres años después otro golpe de estado y dictadura hasta el 73. Y nuevamente dictadura entre 1976 y 1983. Para luego pasar por la patria financiera del menemismo y otros atorrantes por el estilo. Sin embargo, eso no fue excusa para que los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández hayan sido por lejos mucho más avanzados que los del FA. Por tanto, no es válido argumentar por los años de dictadura y de neoliberalismo para explicar los retrocesos de la izquierda uruguaya.