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domingo, 8 de mayo de 2016

Crisis ambiental: responsabilidad de todos, responsabilidad de nadie


Por Andrés Núñez Leites


Hace algunos días, el presidente del Uruguay reflexionaba frente a la prensa acerca de la importancia de comprometernos en el cuidado del medio ambiente y de la responsabilidad de todos los ciudadanos en relación con este asunto, porque, en última instancia todos somos responsables del calentamiento global. Dichas sensatos enunciados se enunciaban precisamente en medio de un desastre climático: un tornado había arrasado una pequeña ciudad uruguaya y las inundaciones habían dejado enormes extensiones del país bajo agua, generando una serie de daños económicos y humanos.
También hace algunos días, en Chile, en la región de Chiloé una floración de algas acuáticas causaba un grado inédito de mortandad de peces; aquí también se registran daños económicos y humanos, sobre todo en una zona donde la pesca es una fuente de sustento económico para la población. Las autoridades chilenas esgrimen el mismo razonamiento que las uruguayas: la culpa es del Niño o la Niña, un fenómeno climático del Océano Pacífico cuya mayor periodicidad y acentuación responde también al cambio climático.

 
En el caso uruguayo, si bien el calentamiento global incide en la posible ocurrencia de precipitaciones, se omite el hecho que el desmonte y la eliminación de la pradera, causados por la forestación comercial de pinos y eucaliptus y sobre todo por el cultivo de soja, es uno de los elementos clave para comprender la cada vez menor capacidad del suelo para absorber el agua de las lluvias. Allí hay dos actores responsables claramente identificables: el Estado, que protege y promueve actividades respecto a las cuales hay abundante evidencia científica y relatos directos de la población humana afectada que muestran su carácter devastador para el medio ambiente. El otro actor es el sector sojero, que obtiene sus ganancias directamente de este permiso tácito para contaminar que generosamente brinda el Estado.

 
En el caso chileno, es verdad que el calentamiento global puede influir en la elevación de la temperatura del agua oceánica, pero no es el único factor que puede causar la aparición de algas y la pérdida de oxígeno acuático: se omite el hecho que la industra salmonera contamina gravemente el mar, volcando enormes volúmenes de nutrientes al agua, y en la medida que el aceleramiento del volumen de población y del ciclo vital de los salmones acelera también el ciclo y el volumen de la población de bacterias y virus que afectan a dicha especie, la industria salmonera también debe verter en el mar cantidades extraordinarias de antibióticos y pesticidas.

 

En ambos casos, el de Chile y el de Uruguay, es posible identificar al Estado y sus agencias, así como a las empresas que tienen mayor responsabilidad en los desastres ambientales ocurridos. Por eso la coincidencia de las autoridades de los dos países en omitir estas responsabilidades y trasladarlas a un nivel más abstracto, porque el calentamiento global es precisamente global y allí la multiplicidad de actores es enorme, así como el peso de los países desarrollados, con su volumen de producción y contaminación, es indiscutible, a pesar de lo cual los países del Sur también ponemos nuestro grano de arena para que la atmósfera eleve su temperatura año a año. En ambos casos encontramos Estados asociados a los contaminadores, Estados que producen una ingeniería jurídica, administrativa, financiera, publicitaria, para favorecer el despliegue de las corporaciones que generan riqueza en el sector primario, pero a costa de una externalidad inédita hacia otros sectores productivos (la ganadería y la agricultura tradicional, la pesca, la apicultura, etc.) y hacia toda la sociedad por los daños a la salud humana provocados por la contaminación.
 

La coincidencia del razonamiento de ambos gobiernos no es casual. Ambos son agentes de un mismo discurso en tanto poder simbólico que emerge de una relación de fuerza específica: de una estrategia de “desarrollo” fundada en vehiculizar los proyectos del poder corporativo trasnacional del sector primario (minería y producción de alimentos), cooptando a los grandes partidos políticos -de derecha e izquierda- y llevando como furgón de cola a las burguesías locales y a las elites sindicalizadas de las clases trabajadoras.


Nota:
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domingo, 24 de abril de 2016

Daños colaterales de la ley anti-varón


El Consejo de Ministros del gobierno (Frente Amplio, izquierda neoliberal), ha enviado al Parlamento un proyecto de ley contra la violencia de género hacia la mujer, que no sólo rompe uno de los principios del pacto republicano, la igualdad formal ante la ley entre personas capaces, sino que con seguridad dejará un tendal de víctimas entre varones inocentes, niños utilizados como rehenes y abuelos alejados de sus nietos.

La lógica del proyecto se parece demasiado a la de los que piden un Estado policial: ante las dificultades que se presenta a la hora de reprimir a los delincuentes, denle rienda suelta a la violencia del Estado, eliminen o suspendan las garantías constitucionales de los señalados como delincuentes (y por añadidura la categoría social a la que pertenecen: los pobres) y saquen a los militares a la calle. En esta lógica de guerra, el enemigo es expulsado del campo de lo plenamente humano o colocado en posición subordinada, en una categoría social cuyos Derechos Humanos coliden con los de las categorías socialmente mejor valoradas. En todo caso, cuando la evidencia muestra el volumen de los "daños colaterales", es decir la cantidad de víctimas inocentes y la profundidad de los daños, la misma es reinterpretada y reducida en su valor social en tanto medio para cumplir un bien superior que lo justifica.

En el nuevo proyecto, las garantías legales de los varones adultos se desvanecen ante la sola potencia del relato de la mujer que se presenta como víctima, sin necesidad de presentación de pruebas materiales de su acusación, sin inmediata defensa del acusado. El relato es evaluado por un grupo de expertos (mayormente "expertas") imbuídos en una versión más bien esencialista de la teoría de género, y la valoración del desempeño lingüístico y actoral de la acusadora, viene a sustituír a la prueba en un "juicio justo" dentro de nuestros parámetros culturales. De este modo se busca un atajo para sortear la dificultad probatoria de las mujeres víctimas de la violencia por parte de varones, que es una dificultad real, sin dudas, y que mantiene a muchos varones violentos en un lugar de impunidad. El problema está en que se abre la puerta al uso del medio judicial para la agresión a través de la denuncia falsa contra los varones. en este sentido es significativo que los voceros de este tipo de solución inmoral se empeñen en demostrar la inexistencia de las denuncias falsas en esta materia, o su condición estadísticamente despreciable.

Según los discursos de género, la dominación masculina, el patriarcado, sería una pauta cultural transversal que, a la vez que construye entre los humanos -cuya potencial diversidad biológica y psíquica es amplia- una reducción binaria en la cual el lugar "mujer" está ligado a las tareas reproductivas (biológicas y económicas). Esta distancia respecto de los medios de producción (ya sea en la condición de propietaria, gestora o asalariada) genera una desventaja evidente para las mujeres, que se profundiza sobre el final del período feudal, ya que, como bien señala Federici, el sometimiento de la mujer al lugar de ama e casa era una necesidad funcional del capitalismo naciente, en la medida que la relación asalariada (y el final de la esclavitud y la servidumbre) desplaza el costo de la reproducción de la fuerza de trabajo del amo y el señor a la unidad familiar del asalariado. Diría Foucault que el sometimiento de la mujer y su simultánea posición como agente disciplinador dentro del hogar, garantizando la regularidad de los ritmos de alimentación, sueño, higiene, colaboró en la sujeción de la clase obrera al aparato productivo. La segunda mitad del S XX si bien posicionó a las mujeres más cerca del aparato productivo, dándoles de hecho medios materiales para una mayor autonomía relativa respecto de los varones, las sobrecargó con un doble trabajo: fuera y dentro de casa. De ahí que las feministas radicales de izquierda, interpretaban correctamente que la liberación de la mujer es una causa anticapitalista y no hay superación posible del capitalismo sin ella. La mujer que se libera, libera al varón, libera a todos.

El problema, tal vez, ha sido que la pérdida de la esperanza y de los proyectos sociales concretos de superación del capitalismo, ha subsumido a algunas variantes del feminismo en una condición de pérdida de la vocación de movimiento por la universalidad. Es decir, se han volcado a un narcisismo posmoderno y autocomplaciente, a un refuerzo continuo de la propia identidad de género que ha reinterpretado a las teorías de género de modo esencialista: la mujer sólo puede ser víctima y el varón sólo victimario, en el marco de un patriarcado total, siempre vigente. Esto a su vez, se agencia con la expansión de un discurso público anti-varón, que se manifiesta en el humor y la promoción de estereotipos denigrantes contra los varones en los medios masivos de difusión: el varón es desordenado, haragán, violento, poco sensible, heterónomo y egoísta; una misandría que se va naturalizando, apoyándose en la culpa colectivizada dentro de la categoría "varón" por las históricas y actuales violencias contra las mujeres, situándolo como encarnación del Mal. De modo simétrico, todo lo que se dice sobre las mujeres en el discurso público es positivo: abnegada, sacrificada, pacífica, ordenada, resiliente, autónoma y solidaria, la encarnación del Bien. De aquí que la violencia de las mujeres contra los varones sólo puede verse, en la más benigna interpretación ginocéntrica, como una eventual particularidad psíquica, estadísticamente insignificante, y en la más extrema, como una imposibilidad en el campo de lo real. No es admisible dentro del discurso una relación de dominación en la cual el papel dominante lo ocupe la mujer y en el cual ésta ejerza diversos modos de violencia contra el varón. Por ejemplo, la cifra de varones muertos en el ámbito familiar a mano de sus parejas mujeres, tiende a suprimirse en los reportes sobre violencia doméstica o a ser codificado de modo automático, sin investigación, como acto de reparación por un agravio machista, a tal punto que en España, cuya legislación es modelo para la ley anti-varón uruguaya, se ha prohibido publicar esas cifras, para evitar que se debilite la interpretación victimista de la mujer.

Los grupos feministas "de la diferencia" y "radicales" que se han encaramado a los aparatos del Estado, tienen especial cuidado en atacar y difamar al feminismo igualitarista y al feminismo "queer". Al primero por su pretención igualitarista y universal y al segundo por su sofisticada deconstrucción y ataque al binarismo, al dualismo primitivo que no permite comprender la dinámica de las relaciones de poder, el carácter arbitrario de la construcción de los géneros, históricamente situable y sobre todo el hecho que la posición dominante puede ser ocupada también por las mujeres, que también son humanas y por lo tanto moralmente falibles.

Esta nueva ley podría redefinirse como "ley de condena del varón por sola voluntad de la mujer". Paradójicamente, esta carta blanca a la violencia de género contra los varones utilizando el brazo derecho del Estado, no reducirá la violencia de género contra las mujeres. El alejamiento inmediato de los hijos por tres meses, la enajenación de los bienes del varón en favor de su pareja mujer, estas dos medidas dictadas como "cautelares" por sola denuncia, y ni que decir la propuesta exculpación del homicidio del varón por "sufrimiento prolongado" de la mujer, no harán otra cosa que generar más distancias, miedo, odio, violencia, en todas las direcciones posibles.

Las mujeres tienen derecho a la protección social contra la violencia machista y la discriminación, pero este no es el camino.

Imagen: LicenciaAtribuciónNo comercial Algunos derechos reservados por khengsiong

domingo, 3 de abril de 2016

Las TIC, la enseñanza divertida y las nuevas subjetividades


Por Andrés Núñez Leites
Estudiantes con XO Estudiantes con XO*
Mucho de lo que hacemos es irreflexivo. De hecho, nuestra vida podría verse seriamente obstruida en su eficacia cotidiana si problematizáramos y deconstruyéramos todo lo que hacemos, todo lo que vemos, todo lo que sentimos. Pero las decisiones importantes siempre llaman a la reflexión. También en el plano social. Es verdad que los actores institucionales y políticos, máxime en tiempos de posdemocracia, donde los flujos de autoridad provienen directamente de las corporaciones capitalistas, operan por influencia externa, pero aún así, en los márgenes de acción que las estructuras de opción del juego político y económico les deja, habría lugar para favorecer la investigación y el análisis detenido, por ejemplo, antes de tomar decisiones que afecten gravemente al sistema educativo público. Sin embargo, esa posibilidad no se aprovecha. En materia educativa, parecería haber una intención activa, una voluntad de no saber, tal que el lugar de la investigación y el análisis es ocupado por el sentido común, por las ideas tan obvias que no requieren fundamentación. Ello facilita el encubrimiento y la realización de aquellos flujos.
 

La implantación autoritaria del sistema “one laptop per child” en Uruguay es un caso ejemplar. La reflexión es exógena: un actor social y político de un país central concluye que repartir computadoras de bajo costo entre los niños pobres contribuirá a sacarlos dela pobreza y a fomentar una versión de la “democracia digital” y en nuestro país, un presidente mesiánico decide, en nombre de toda la sociedad, que el plan es bueno y conveniente. Sin embargo, ni una sola investigación pedagógica (y nótese que ni siquiera  adjetivo “seria”, “independiente”, “sometida a arbitraje”) avala el disparate norteamericano y tampoco al disparate con que se convenció a la población local, cuando se le dijo que el Plan Ceibal mejoraría los aprendizajes de los niños. De hecho no ha podido demostrarse que las computadoras superen en el nivel primario y secundario de enseñanza, en tanto herramientas de aprendizaje, a las tecnologías ya disponibles: libros, tiza, pizarrón, lápiz, cuaderno y video. Como solución política y herramienta de descrédito contra las resistencias, gobierno progresista y oposición derechista culparían de los nulos resultados luego a los docentes, inconsultos depositarios del saber pedagógico práctico, por no apoyar el plan. Y si sumamos a esto el negocio por el cual el gobierno financia la entrega de los datos manejados por cientos de miles de estudiantes y docentes a Google, podríamos pensar que la ausencia de investigación y reflexión pedagógica ha sido funcional a una estrategia económica corporativa que se asocia, por otra parte, pero dentro de la misma funcionalidad, a una intención de control social: generar trabajadores “adiestrados” en el uso de las herramientas informáticas más básicas y sobre todo “conectados”, sin privacidad, transparentes para el ejercicio del poder.

Uno de los argumentos asociados a la implantación del Plan Ceibal, ha sido un ideologema típico de la lógica del capitalismo pos-industrial aplicado a la educación: las TIC harán más divertida a la educación y con ello mejorarán los aprendizajes. Otra vez, algo sin respaldo de investigación. Toda la experiencia apunta a lo contrario: estudiar puede tener momentos divertidos y ¡vaya si los tiene!, pero es mayormente un trabajo de acumulación, paciencia, detenimiento, reflexión. La única forma de sostener durante cuatro u ocho horas diarias una “educación divertida” es acelerándola y reduciendo radicalmente sus contenidos conceptuales, convirtiéndola en un pasaje permanente de impresiones más de orden visual que cognitivo. Paradójicamente, esto atenta contra una capacidad de concentración y sostenimiento de la tarea que ya viene menguada por fenómenos extra-escolares como la inestabilidad de los vínculos familiares, el impulso al consumo permanente de mercancías, la excesiva exposición de los niños a medios audiovisuales interactivos desde temprana edad.


Tanto la decidida y abrumadora inmersión de los niños en un ambiente tecnológico como la reducción del trabajo pedagógico a una sucesión hiperkinética de puestas en escena de contextos lúdicos, no tienen ninguna posibilidad de mejorar los niveles de aprendizaje. En realidad, tienden a profundizar los déficit de aprendizaje en el sentido de reforzar tendencias sociales como las que señalamos más arriba, contribuyendo a una creciente expropiación masiva de la capacidad de razonamiento abstracto, sobre todo a nivel de las clases populares, donde el vínculo con la escritura y las posibilidades de control de los efectos de los discursos políticos y de la mercadotecnia es menor. Hay que ser enfáticos en el análisis: si para adscribir sentido a las acciones políticas, hemos de juzgar no tanto las declaraciones de intención como los efectos reales de dichas acciones, podemos afirmar que las políticas educativas de las últimas dos décadas (con gobiernos de la derecha y la izquierda neoliberal) apuntan no a la mejora de los niveles de aprendizaje en escuelas y liceos; son más bien tecnologías sociales para la consolidación de una subjetividad acorde a los requerimientos del capitalismo corporativo: personas que se adhieran automáticamente a las TIC tal como vienen formuladas, que puedan pensar prácticamente pero que desconozcan o naturalicen las fuerzas sociales que configuran su escala de acción, que se adapten y se resignen a la dinámica del mercado laboral inestable, que reaccionen sin resistencia a los impulsos mediáticos. Un mundo de peones prácticos y técnicos acríticos. ¿Un mundo feliz?


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* By Cecilia de la Paz (Own work) [CC BY-SA 3.0 (http://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0)], via Wikimedia Commons


sábado, 5 de marzo de 2016

Misandría en la publicidad, misandría que vende: los varones de Urufarma

Por Andrés Núñez Leites


El aviso de Urufarma intenta señalar una visión machista de los padres respecto de sus hijas, por la cual se ve con expectativa y orgullo el inicio de las relaciones sexuales por parte de los hijos varones, pero con preocupación, miedo y actitud represiva el comienzo de esa etapa de la vida sexual de las hijas -algo que en nuestra sociedad actual se manifiesta como intento de retrasar temporalmente su "debut" sexual. Se trata de una pauta de crianza que es bastante más amplia: el cuerpo de la niña es más cubierto, protegido pero también y por lo mismo, menos desarrollado en su potencia física. Pervive en esta pauta, por otra parte, la noción de la niña/mujer como objeto de caza de los varones, que debe ser preservado.

Sin embargo ya no estamos en una sociedad que le exija a las "señoritas" estarse quietecitas para que no se arrugue su vestido, y tanto en el plano familiar como en los espacios de escolarización, clubes y demás, crecientemente se favorece la movilidad física de las niñas. Lo mismo ocurre en el plano sexual: si bien persiste la pauta que señalamos más arriba, la misma tiende a relajarse, aunque no por ello estamos ni siquiera cerca de una relación igualitaria. Se acepta el comienzo de la vida sexual activa de las adolescentes, fuera del matrimonio, pero se presiona para que el mismo se de en el marco de relaciones de pareja estables. Mientras al varón se le permite socialmente acostarse con cualquiera por una sola noche, eso no es bien visto y es más bien condenado en el caso de las adolescentes. Pero el tiempo pasa y el trabajo de sensibilización respecto de los derechos de las mujeres, por parte de grupos feministas, pero también por parte de los varones y mujeres en general que se suman a la idea de ir colaborando en la generación de una socialización igualitaria de los hijos, más allá de su género, va dejando su huella.

Algo de eso insinúa en el video de Urufarma. Uno de los varones allí caracterizados, luego de sus primeras respuestas, más abiertamente machistas, cuando es interrogado por la diferencia entre hijos e hijas comienza a cuestionar lo que cree y efectivamente reconoce que la cultura machista es la que imprime una diferencia injusta, que en última instancia se traduce en mayor libertad sexual para los varones y mayor represión para las mujeres.

Sin embargo, aunque con la intención, quizás, de generar un diálogo comprensivo entre los géneros, el guión cae en un par de elementos claramente misándricos.

Por un lado, la selección de los personajes es tal que reproduce estereotipos de varón machista fácilmente atacables desde el feminismo: torpes en el discurso, escasos en capacidad de análisis, carentes de inteligencia emocional, ignorantes del origen social de su discurso. Son varones-objeto, títeres acríticos, no-sujetos que simplemente reproducen las relaciones jerárquicas de la cultura machista. Por supuesto que muchos varones son así, como muchas mujeres también lo son, pero claramente no es representativo de la diversidad de subjetividades masculinas actuales. Parece que habría que aclararle al mundo del marketing, la televisión y el cine, que hay varones que piensan y sienten y que encima logran reflexionar e interpretar lo que piensan y sienten. En el aviso de Urufarma sólo uno de ellos parecería ser plenamente un sujeto reflexivo, pero aún así su primer respuesta respecto a la iniciación de la vida sexual activa de su hija fue machista, lo que hace pensar que este sujeto evolucionado que se nos presenta en la ficción de la publicidad del laboratorio químico-farmacéutico, no logra aún convertir su potencial crítico en acto, más allá del discurso como acción, es decir, entiende que está mal discriminar y reprimir a su hija, pero probablemente igual lo siga haciendo, como lo demuestra su gestualidad defensiva y avergonzada, como si dijera con su cuerpo: "Sé que esto que hago está mal, pero igual lo hago".

Y por si al televidente no le quedó claro que los varones son subnormales y machistas, el cierre de la publicidad lo hace un personaje que justifica la discriminación contra su hija diciendo que las mujeres son más frágiles. Si hubiera dicho que son menos inteligentes o destinadas a las tareas domésticas y el cuidado de los hijos dentro del matrimonio, habría perdido verosimilitud; por eso para cumplir la función de recrear un discurso y un estereotipo de varón machista fácilmente descalificable, era necesario elegir un prejuicio actual, verosímil, una especie de defensa, de último recurso machista ante la presión social por la igualdad de géneros.

Algo positivo tiene la publicidad que aquí analizamos: sin condenar del todo a los varones, puede funcionar como punto de partida para la reflexión y el debate en los ambientes familiares más diversos, para que todos nos preguntemos qué estamos haciendo concretamente para criar a nuestras hijas y a nuestros hijos para que puedan sostener relaciones de igualdad. Sin embargo, el empleo de imágenes masculinas degradadas puede valorarse como un hecho rechazable, que viene a abonar a una tendencia creciente a reproducir en los discursos públicos estereotipos de masculinidad que enseñan a ver a los varones con desprecio. Claramente, ese no es el camino del diálogo y la igualdad.

sábado, 13 de febrero de 2016

Tan integrados como inocentes

Por Andrés Núñez Leites


Rock and roll*
Allá por 2005 acepto la invitación de unos amigos para ir a Durazno, donde la intendencia local organizaba un "Pilsen Rock", como se denominaba a una serie de conciertos que transcurrían en las afueras de la ciudad a lo largo de unos pocos días, de manera casi continua. La denominación del recital me resultaba poco agradable, porque mezclaba la marca de una cerveza con el rock y si bien yo no pertenecía a ninguna tribu adolescente vinculada a dicha música, conservaba algunos recuerdos de los años 1990, en que la falta de auspicio económico y el rechazo al orden neoliberal habían llevado al mismo tiempo a una escasa difusión pública y a una mayor búsqueda experimental dentro de las diversas corrientes musicales de esa cosa que mezclaba lo europeo, afroamericano y en nuestro caso rioplatense. Voy directo a mi sensación previa: todo hacía prever que ese acto de masas sería la celebración ritual de la domesticación definitiva del rock.

Pero un argumento me convenció: acababa de ganar el Frente Amplio las elecciones y el espíritu de la población estaba en alto. Así lo comprobé: en medio de la masa de miles de chicos había banderas del MPP (brazo político populista de la ex-guerrilla) y del Partido Comunista. La gente era feliz. Acababa una década de neoliberalismo, represión y hambre y todo hacía pensar en un florecimiento de las energías sociales más constructivas. El ambiente era sobrecogedor. Pocas semanas antes había vivido algo similar en las canteras del Parque Rodó en Montevideo, cuando se celebrara, también con conciertos musicales, el último acto en favor de la consagración constitucional del acceso y el control social del agua como derecho humano, que conjugaba a la izquierda y a los sectores más moderados de la derecha nacionalista. A corto plazo los gobernantes se encargarían de dar vuelta una a una las expectativas, y los deseos de cambio social darían lugar a la satisfacción del consumo, la democracia a la demagogia y el pensamiento crítico a la idolatría de los líderes icónicos de la izquierda. Vuelvo a mi decisión: acepté porque deseaba embriagarme en esa euforia colectiva, en el sentimiento oceánico de una muchedumbre que encontraba sentido a su existencia, aunque yo no creyera.

Un hecho llamó mi atención y me provocó un total extrañamiento respecto de mi entorno. A la noche del primer día, la popular banda "No te va Gustar", antes de colocar todos sus integrantes sobre el escenario, envía sólo a los vientos; no recuerdo exactamente si dos trompetas o una trompeta y un saxo, para ejecutar las notas de la Introducción y Coro del Himno Nacional. Tal vez diez años atrás el resultado hubiera sido una lluvia de escupitajos, monedas e insultos, pero en aquél entonces el resultado fue la armónica entonación de la letra del Himno. La gente estaba emocionada. ¿Qué representaba aquella situación? Por lo menos tres cosas: un cambio generacional, un cambio ideológico y una necesidad de integración. De la generación de los 1960s que quería cambiar al mundo asaltando el gobierno con las armas y/o con los votos y la generación de los 1980s que había retomado tardíamente el punk rock y acusaba los resultados psíquicos del maltrato masivo del terrorismo de Estado de la dictadura cívico-militar, pasábamos a una generación que deseaba, antes que nada, la integración, que no se planteaba la transformación del statu quo sino su integración al mismo. En realidad la osbservación es un poco injusta y conviene matizarla. No se puede generalizar tanto. Muchas veces, como en este caso, cuando decimos "generación" nos referimos apenas a los artistas que sobresalen, a los músicos, escritores, e incluso líderes sociales y políticos y luego extendemos las conclusiones a la población en general, pero convengamos al menos, haciendo esa salvedad, que el arraigo de dichos elementos sobresalientes sólo es posible cuando hay una "base social" acorde. Dicho acontecimiento también podría significar una mutación ideológica de la izquierda, su pasaje al pragmatismo liberal, al "ésto es lo que hay", a la moderación de lo posible. Algo similar había ocurrido hacía poco tiempo cuando al desfilar los militares por Avenida Libertador en Montevideo, en ocasión de la asunción del primero gobierno del Frente Amplio, el público mayormente izquierdista había cantado junto a ellos, emocionado, la "Marcha Mi Bandera", que proclama el amor simple y directo, la sumisión acrítica a los símbolos patrióticos y la intención de guerrerar y morir por ellos, más allá de cualquier proyecto político subyacente. Ese deseo de integración no es casual: uno de los efectos subjetivos buscados y logrados por la reciente dictadura de derecha había sido trazar una línea entre los "subversivos" o "sediciosos" y sus cómplices, de un lado, es decir, la gente de izquierda, y los "orientales" o "uruguayos bien nacidos", es decir, los acólitos del régimen cívico-militar, del otro lado. Los izquierdistas fueron acusados y públicamente expuestos durante más de una década por su filiación internacionalista, por su vinculación simbólica con proyectos mundiales relacionados con la Unión Soviética y Cuba. Lo sabemos quienes hemos vivido en pueblos chicos: no hay mayor necesidad para el paria del lugar que ser aceptado como uno más.

En el plano artístico, la sucesión de los "Pilsen Rock" pero también las políticas de auspicio estatal a la música en general, significaron efectivamente la total domesticación del género. Ésto, que es paralelo a la "conversión" de los artistas en general, los intelectuales, activistas sociales y políticos al progresismo neoliberal, tiene muchas variables explicativas, entre ellas, las tres que enuncio en el párrafo anterior, pero en todo caso, podría resumirse en la idea de derrota y aceptación del orden hegemónico. Había cundido una convicción conceptual y emocional: se podía cambiar, pero no mucho.



*Imagen: LicenciaAtribuciónCompartir bajo la misma licencia Algunos derechos reservados por Rik Goldman

lunes, 8 de febrero de 2016

Adiós, camaradas

Por Andrés Núñez Leites

Sopa soviética*
Vladimiro había sido comunista desde su juventud. Observaba con optimismo la expansión del bloque socialista y si bien desconfiaba de la dureza de algunos líderes, no creía en la propaganda capitalista que a la vez que silenciaba las matanzas de las dictaduras latinoamericanas machacaba las mentes del público acusando de totalitarismo al "socialismo real". En todo caso, si se cometía errores, éstos se debían a la guerra despiadada contra el Este, con sus facetas económicas, de sabotajes y conspiraciones desestabilizadoras, y seguramente habrían de desaparecer con el triunfo de la revolución socialista mundial. Algo cambió, sin embargo, cuando huyendo de la dictadura tuvo que asilarse en Alemania: allí conoció a algunos disidentes soviéticos, no descendientes de aristócratas ni burgueses desvalijados por los bolcheviques, no cristianos añorantes del orden zarista, sino intelectuales de izquierda, a los cuales por ejemplo una sucesión de acordes no del todo armónicos en una partitura musical les había significado cuando menos un interrogatorio por parte de la policía política, una recomendación de corrección de la escritura o la postergación indefinida de la publicación de una obra.

Las dictaduras de derecha terminan en el Río de la Plata a mediados de los 1980s luego de cumplir su misión de desmantelamiento de la subversión izquierdista y desmovilización de la población en general, a través del terror de Estado, para imponer un orden capitalista neoliberal y terminar con cualquier tendencia socializante en la economía. Muchos de sus camaradas habían perecido bajo las balas del gobierno, o habían sido destrozados física y psíquicamente en las mazmorras dictatoriales durante más de una década. Vladimiro vuelve de Europa y se reencuentra con los sobrevivientes, que se reorganizan en una nueva etapa de militancia del Partido Comunista, a la que él se suma, reencontrándose.

La fe en la causa revolucionaria había sostenido a muchos militantes en las dolorosas experiencias de la prisión y el exilio, y por eso mismo se volvían irascibles ante cualquier atisbo de crítica interna. Curiosamente la "Patria Socialista" soviética, aquejada de una crisis económica estructural, daba un giro inesperado: la Perestroika iniciaba una transición del estatismo absoluto hacia una economía de mercado limitada por el interés colectivo, y la Glásnost, en el plano cultural, daba espacios para la libertad de expresión informativa y artística. En ese marco, un grupo de intelectuales soviéticos recorre Latinoamérica con una función específica: alinear a los comunistas locales detrás de las reformas liberales. En Montevideo, traductor mediante, uno de estos embajadores de la apertura culmina una conferencia frente a un auditorio compuesto principalmente de jóvenes y viejos comunistas diciendo: "Ahora sí los artistas soviéticos tenemos libertad para la creación." Algo se quiebra en el alma de Vladimiro: la fisura iniciada en Alemania se agrietaba en aquel instante en Uruguay. Sin pensarlo levanta la mano y cuando le dan la palabra dice: "De sus últimas palabras, el 'Ahora sí' sólo puede significar dos cosas: que durante 70 años no tuvieron libertad para la creación artística, y que nuestros dirigentes, que viajaban periódicamente a la URSS, nos mintieron durante todo este tiempo." Un pequeño grupo de amigos de Vladimiro lo rodeó y lo ayudó a salir de la sala, esquivando insultos y amenazas que sus ahora ex-camaradas comenzaban a proferir con estruendo. Es que hay que ser muy fuerte para asumir el engaño y la manipulación y rebelarse.


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