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miércoles, 18 de mayo de 2016

De cómo el sionismo transformó un manual de enseñanza secundaria, por Marcelo Marchese

Por Marcelo Marchese



En la zafra de textos del 2004 la editorial Santillana retiró del mercado el manual para cuarto año“Historia. El mundo actual”. Cuando lo relanzó, el pie de imprenta informaba que era la edición de 1999 en impresión del 2004, mas había algunos cangrejos debajo de la piedra en la sección 29:El islamismo y el Estado de Israel.

No podemos citar aquí todos los cambios operados, mas elegiremos cinco que responden a las ideas fuerza que el corrector quiso imprimir en la mente del estudiante.
1- Si en la edición primitiva el encabezado era
-“El pueblo judío: la búsqueda de un territorio”, en la siguiente será
-“El pueblo judío: el retorno a la patria ancestral”.
El objetivo de la nueva redacción fue mostrar cómo Palestina corresponde históricamente a los judíos; una manera de legitimar el colonialismo y la práctica imperial sionista ¿En que se basa el sionismo para asegurar que Palestina les pertenece? En la Biblia, escrita por un Dios, nada menos: “Deja tu tierra natal y la casa de tu padre y ve al país que yo te mostraré”. Este argumento es utilizado tanto por los ortodoxos como por los marxistas sionistas. Puede resultar llamativo, pero aquí un texto religioso no se interpreta como un texto cargado de simbolismos, como suele interpretarse toda mitología, sino como un documento histórico. Éste es sólo un aspecto del peso de la religión en la política de Israel. Para ampliar la entidad del fenómeno recomendamos calurosamente “Historia judía. Religión judía. El peso de tres mil años” del judío israelí Israel Shahak.

2- En el apartado “Su relación con otros pueblos” se decía que
-“Los judíos se han encontrado a menudo con la desconfianza de los pueblos con los que han convivido. Durante la Edad Media, el origen del rechazo quizá se pueda encontrar en la postura de los cristianos, que los consideraban como herederos del pueblo que traicionó a Jesús, o en la actitud de los que presenciaban su enriquecimiento en la actividades lucrativas del préstamo a interés, a las que los cristianos tenían prohibido acceder, por mandato de la Iglesia. En el siglo XIX, por otro lado, el crecimiento de la industria llevó a muchos banqueros judíos a tener éxito y aumentar su riqueza -como fue el caso de Rothschild-, lo que agudizó las actitudes de rechazo por parte de los sectores sociales con problemas económicos. Desde las décadas de 1880 y 1890, el antisemitismo se manifestó con más fuerza. Ejemplos de ello se encuentran en varios países”. En la edición expurgada se dirá:
-“Los judíos se han encontrado a menudo con la intolerancia de los pueblos con los que han convivido, lo cual generó violentos ataques en masa, provocados por lo que se llama comúnmente antisemitismo, basado en la judeofobia. Ejemplos de ello se encuentran en varios países”.

Aquí, amén del cambio de desconfianza por intolerancia para acentuar el drama del antisemitismo, la clave es la eliminación de su explicación histórica. Nótese que no se suplanta por otra; simplemente se la elimina. De igual forma, en los manuales sionistas, se evita cualquier explicación de índole sociológica al rechazo de los palestinos al Estado de Israel. Según este discurso, no luchan por recuperar su tierra; su actitud no es resultado de la limpieza étnica a la que fueron sometidos. Los palestinos y árabes en general, y para ser más precisos, los musulmanes, actuarían por odio, de forma irracional; son unos fanáticos acicateados por su religión. Cuando se elimina toda explicación histórica al accionar de un pueblo, queda el espacio abierto para introducir ideas como la siguiente: los judíos fueron perseguidos por Hitler, es decir, el Diablo, y si fueron perseguidos por el mal, ergo, son el bien. Así como antes fueron perseguidos por el Diablo encarnado en Hitler, hoy son perseguidos por el Diablo encarnado en los musulmanes, que no actúan impulsados por recuperar lo que históricamente les pertenece, sino por el deseo del mal. Por eso el libro de Marcos Israel “Antisemitismo y conflicto árabe-israelí”, regurgita el mantra sionista que encuentra la raíz del conflicto de Medio Oriente en el antisemitismo arraigado entre los musulmanes. En todo ataque que alguien haga a Israel, la invariable respuesta sionista será acusar al enemigo de antisemita, judeófobo y racista. Desde el momento que convierten el antisionismo en antisemitismo, transforman la lucha contra Israel en odio hacia los judíos y por lo tanto, en un deseo velado de repetir el Holocausto. Esta añagaza logra radiar el auténtico problema, el expolio de los palestinos y de esta manera el agresor se convierte en víctima.

3- En el apartado de “La guerra de los seis días”, la edición original informaba que
-“Israel, gracias a su capacidad bélica y al éxito de sus enfrentamientos con los árabes... desarrolló con rapidez, asentamientos israelíes, sometiendo a los árabes a expropiaciones y a la posición de país invadido”. Se cambió a lo siguiente
-“Israel, por su capacidad bélica y gracias al éxito de sus enfrentamientos con los árabes... desarrolló con rapidez asentamientos israelíes, para evitar la concreción de las mismas amenazas de 1967”.

El texto posterior se inscribe en el deseo ferviente por mostrar la política de Israel como una actitud defensiva. Siempre serán los árabes los que atacan, jamás ninguna de las guerras de conquista de Israel ni los bombardeos a Gaza, serán resultado de su política expansionista. Israel busca siempre ubicarse como víctima, como una isla de democracia en medio de un mar de fundamentalismo islámico. Israel sólo busca la paz, negada rabiosamente por sus enemigos, y para asentar esa idea, se eliminaron estas palabras insertas en la edición primitiva “Anuar el Sadat... hizo un intento de paz con Israel, que fue rechazado”. Se desarrollan asentamientos israelíes, pero parecieran situarse en tierras de ningún provecho, en territorios vacíos, en el desierto. Por eso se borra la referencia a las expropiaciones sufridas por los árabes y su condición de país invadido, restando a su vez justificación histórica a la lucha de los palestinos.

4- En relación a la guerra de Yom Kippur, se decía
-“Se produjo un nuevo enfrentamiento conocido con el nombre de Yom Kippur- fiesta de reconciliación entre los hebreos-, ya que el ataque fue perpetrado el día 6 de Octubre de 1973. Fue esta la revancha de los árabes frente al gran ejército israelí”. En la edición siguiente se dirá
- “Se produjo un nuevo enfrentamiento conocido con el nombre de Yom Kippur, ya que el ataque fue perpetrado el día 6 de Octubre de 1973 durante el ayuno de la población judía en Israel -máxima celebración religiosa judía”.

Israel pretende imponer dos mistificaciones con respecto a su ejército. La primera dice que es “El ejército más moral del mundo”. El lector sonreirá ante la ridiculez de un país que dice de sí mismo que su ejército es el más moral del mundo. Sería como si Marcelo Marchese dijera que Marcelo Marchese es el ensayista más inteligente del mundo. La payasada deviene en hipocresía si consideramos que el ejército más moral del mundo legaliza la tortura y ejecuta a gente que se encuentra herida, desarmada e inconsciente, y luego se aclama al criminal como un héroe; pero así funciona el ejército más moral del mundo que no ha juzgado a sus criminales de guerra, premiados con los principales cargos que se puedan desempeñar en el Estado. La segunda mistificación refiere a que el ejército israelí es invencible. Este mito comienza con la aseveración según la cual en el 48 venció a pesar de ser inferior al ejército mancomunado árabe, lo cual es un disparate descomunal. El ejército israelí es ampliamente más poderoso que el de los palestinos o sus vecinos. Sólo él tiene arsenal nuclear, amén de ser el primero en la lista de los países que reciben respaldo militar por parte de EEUU. Sin embargo, a pesar de su incomparable poderío, ha sufrido algunas derrotas, lo que llevó a los autores de la edición original a escribir “Fue ésta la revancha de los árabes frente al gran ejército israelí”.

5- En el apartado “El peregrinaje del pueblo palestino”, que pasará a ser “La búsqueda del pueblo palestino” se decía que lograda la paz tras la invasión al Líbano
-“los dirigentes palestinos encontraron en Túnez el último punto de su dramático peregrinaje. Su exilio se repartió entre Jordania, Siria, Líbano y Túnez. A este último país llegaron dos millones de palestinos; en las zonas de ocupación judía se instalaron otros dos millones, y dentro del propio Israel, ochocientos mil”. La edición corregida sólo dirá que
-“los dirigentes palestinos encontraron en Túnez el último punto de su exilio”.

La nueva redacción se inscribía en el mecanismo de deshumanización de los palestinos, los cuales, en los manuales con que se adoctrina a los jóvenes israelíes, no tienen rostro. Aquí su dramático peregrinaje pasa a ser un exilio que no termina de quedar claro, en tanto previamente se ha tachado la referencia a ser un país invadido. Ni siquiera se sabe su número o dónde están. Se trata de evitar la empatía del estudiante con un pueblo que vive desperdigado, un peregrinaje resultado de una invasión que en última instancia sería la razón de su lucha.

Los autores del manual fueron Pilar Corral, Beatriz Amestoy, Alfredo Decia y Lydia Di Lorenzo. No estamos en posición de afirmar que fueran los responsables de los cambios a la sordina en la impresión del 2004, pues no sabemos si la editorial compra los derechos con la consiguiente libertad de introducir las modificaciones convenientes sin consultar a los autores. Si fueron ellos ¿qué los llevó a introducir estas variaciones? Si no fueron ellos ¿quién fue y a través de qué medios logró que la trasnacional modificara su manual?

Sea quien fuere el corrector, cometió al menos tres errores fácticos.

1- Las dos ediciones afirman que “Algunos judíos europeos, por su parte, provienen de los cátaros, pueblos seminómades del sur de Rusia que se convirtieron al judaísmo en el siglo VII”. Esta afirmación significa algo así como decir “Algunos africanos, por su parte, provienen de los mormones, pueblos guerreros del sur de Nicaragua que se convirtieron al africanismo en el siglo V antes de Cristo”. Los cátaros no eran pueblos nómades, ni existieron en el siglo VII, sea en Rusia o en cualquier otro sitio. Fueron una secta religiosa perseguida y masacrada por la Iglesia Católica en otro siglo que no el séptimo. Acaso este error, inadvertido por los cuatro autores y por un eventual corrector preocupado por otras cuestiones, devenga de confundir “cátaros” con “jázaros”, los cuales sí se convirtieron al judaísmo y vivieron en el sur de Rusia en el siglo VII.

2- Cuando se hace referencia al final de la guerra en Beirut se dice que “Se logró la paz... con el retiro de los palestinos de Líbano y de Israel hasta sus fronteras”. Los palestinos se retiraron, es cierto, pero los israelíes ocuparon el país por dieciocho años, hasta que su ocupación generó el nacimiento de Hizbulá, que los obligó a retroceder hacia sus fronteras en el año 2000. Esta sonada derrota generó que los ultraortodoxos judíos anunciaran que Dios la había decretado a causa de haber retrocedido previamente del Sinaí, dejándolo en manos de Egipto, la revancha árabe que mencionamos más arriba.

3- Las dos ediciones afirman que Moshe Dayan fue jefe del gobierno israelí, un disparate.
Entre los cambios perpetrados se encuentra la sistemática sustitución de la palabra “Palestina” por “Eretz Israel”, una práctica que lleva, como afirma el historiador judío israelí Shlomo Sand en “La invención de la tierra de Israel”, a sustituir automáticamente en las actuales ediciones sionistas de los clásicos judíos, sea Maimónides, sea Filón de Alejandría, sea quien fuere, las palabras “Palestina” o “Canaán” por “Israel”. Anotemos que la Intifada, que en la edición original se definía como “levantamiento popular”, pasa a ser una “agitación popular palestina”. Por más tergiversaciones que se pretenda hacer con las palabras, no se ha podido, hasta el momento, arrancar del alma de los pueblos el prestigio adquirido por las palabras “revolución” y “levantamiento popular”. Ahora bien, la palabra “agitación” no tiene la enjundia de la palabra “levantamiento”; parece más bien una actividad sin sentido, menos numerosa y propia de desequilibrados.

Para finalizar, amable lector, nos resta hacer dos consideraciones. La primera no hace referencia a lo que el texto dice, sino a lo que no dice. En ningún momento el manual se sitúa en el lugar de los palestinos, quienes en el año 48 fueron asesinados, mutilados, incendiados, dinamitados, violados, encarcelados y robados en una largamente preparada operación terrorista llamada Plan Dalet, por la cual se logró expulsar a ochocientas mil personas. La palabra Nakba, que significa catástrofe, pues así consideran los palestinos lo sucedido en el 48, no aparece nunca.

La segunda consideración hace a un problema de nuestra República y la necesaria formación de ciudadanos. La enseñanza de la historia pretende brindar herramientas para pensar el mundo. En cierto sentido, la enseñanza de la física, la filosofía o la historia no son más que excusas para desarrollar ciertas habilidades cognitivas. Si eliminamos las explicaciones de índole sociológicas, el espacio vacío tenderá a ser sustituido por otro tipo de explicaciones, tal el caso de evitar las referencias históricas al reclamo palestino, aduciendo que su accionar responde al antisemitismo. Esta ubicua acusación de antisemitismo, antisemitismo que no es otra cosa que un fanatismo, responde a otro tipo de fanatismo que da lugar, entre otras enfermedades mentales, a la islamofobia. Se trata de ubicar al otro en el lado del mal, lo que nos ubica a nosotros automáticamente en el lado del bien. Se acusa al otro de estar impulsado por consideraciones religiosas, adoptando nosotros en la acusación una actitud religiosa. Es la maniquea concepción del choque de civilizaciones, donde occidente ocupa el lugar de la libertad y la democracia y el oriente el del autoritarismo fanático.

Sea quien fuere que haya corregido el manual, su discurso obedece al discurso del colonialismo israelí. Los jóvenes estudiantes uruguayos, y no sabemos qué ha sucedido en los manuales de Santillana de otros países, fueron adoctrinados por la propaganda sionista, como si el Estado de Israel elaborara un texto para nuestros estudiantes. Así que del problema de enseñar a pensar a los futuros ciudadanos, pasamos a otra grave problemática que dejaremos planteada con esta pregunta ¿cuál es el alcance de nuestra soberanía si un texto es elaborado por una trasnacional según el discurso colonial imperialista de otro Estado?

sábado, 30 de abril de 2016

Los textos de la democracia, las fotocopias y el socialismo de la cultura, por Marcelo Marchese

Por Marcelo Marchese
 
El lector acordará conmigo que la ley de fotocopias afecta a los textos de estudios y deja incólume al resto de la literatura. No es dable pensar que alguien fotocopie un libro de poesía, pues ese tipo de lector ama los libros y quiere un trato directo con las palabras impresas en negro sobre blanco y desprecia ese feo gris sobre el gris de la fotocopia.

El lector de Marosa y Levrero querrá hojear el libro y luego colocarlo en su biblioteca. Gozará de verlo allí, de tener el objeto e inclusive, en ocasiones lo comprará con la idea de leerlo algún día. Algunos acumulan títulos, otros dinero y otros libros. Esta tendencia se aplica también a la literatura política y al ensayo histórico y en suma, a toda obra escrita cuya lectura esté dictada por el placer.

Si alguien fotocopia alguna novela será para beneficio del autor y no en su detrimento, como sucede con las canciones ¿Qué más quiere un músico que lo pirateen, que difundan su obra, que le hagan propaganda para que mañana haya gente dispuesta a comprar una canción o una entrada para un recital? El principal enemigo de un artista es la ignorancia sobre su labor.

Antes de abordar el problema de los textos, debemos insistir en la comprensión de esta época que internet y el avance de las comunicaciones ha iniciado. Aún desconocemos los incalculables efectos que tendrá sobre la humanidad el socialismo de la cultura. Si hubiéramos de buscar un parangón, debemos pensar en el Renacimiento y en una de sus creaciones fundamentales, la imprenta, responsable de la difusión de las ideas que alumbraron los tiempos modernos. Aquellos monjes que lentamente copiaban libros, pusieron el grito en el cielo, crearon el mito de Fausto y su pacto con Mefistófeles y arengaron a las masas para destruir al invento diabólico (1). Si en verdad el cine, la música y los textos que miles de millones pueden disfrutar de forma gratuita o casi gratuita, perjudican los ingresos de los creadores, debemos, a la hora de razonar acerca de un fenómeno inevitable, sopesar el beneficio que genera a estos autores y a la humanidad, la vasta difusión de la cultura.

Ahora veamos el problema de las fotocopias vinculado al rubro donde efectivamente tendrá una incidencia. No podemos sino alegrarnos, estando o no de acuerdo con la ley, del debate que ha generado, aunque por ahora es un debate que gira en un eje falso y nadie, absolutamente nadie, se ha animado a ir al fondo del asunto.


¿Cómo funciona el negocio de los textos?


Hace no mucho los textos eran editados en su inmensa mayoría por editoriales nacionales y las obras producidas, de nivel superior a las actuales, pasaban de hermana a hermano. Hoy vivimos los “beneficios” de la globalización. Las grandes corporaciones desembarcaron en el este y el oeste y desplazan a las editoras nacionales. Esto genera dos problemas: por un lado la fuga de dinero que va a las arcas de las trasnacionales, por lo cual no sacamos rédito del dinamismo que podría generar el mercado; por el otro, los libros, en general, responden a la ideología imperante en el lugar donde fueron redactados, cosa evidente en los textos de inglés. Nuestra República permite que sean las trasnacionales las que formen, o formateen, la mente de los estudiantes que luego serán los ciudadanos que gobiernen la República. Pero estos, con ser considerables, no son los únicos perjuicios de la nueva ola. Las trasnacionales descubrieron que a los tres años, digamos, de editado un texto, merma su venta ¿Por qué? Porque comienza a circular usado ¿Cómo impedir que esto suceda? La única manera es redactar un texto nuevo ¿Se redacta un texto nuevo? Sólo de forma aparente, como bien saben los editores, los libreros y una cantidad creciente de padres indignados. El texto será el mismo, pero su título podrá variar y ya no será “El mundo actual” sino “El mundo moderno”, y el orden de los capítulos cambiará, y se buscarán sinónimos para el encabezado de los capítulos, se agregará una página en el prólogo para que no coincida la numeración de una edición y otra, se trocará la foto de Ronaldinho por una de Messi, el libro llamado English pasará a llamarse New English y luego English third edition y se cometerán toda una serie de fechorías con el propósito de obligar al padre a comprar un refrito. No necesariamente el autor, residente acá o allá, ganará un peso en cada maniobra, pues puede que la trasnacional en vez de pagar el famoso 10%, compre el material por cierta suma y se apropie de sus derechos de una vez y para siempre, inclusive al grado de utilizar parte de lo escrito por el autor A, para agregarle lo escrito por el autor B y el C y el D y de esa manera elaborar un texto Frankestein.

Ahora bien, todas estas prácticas están amparadas por la libertad de empresa y de expresión. Uno tiene derecho a corregir su libro. El problema se genera cuando este derecho se invoca con el propósito de ganar dinero de manera inmisericorde, sin corregir nada en absoluto y bajando el nivel, pues de manera sistemática los nuevos textos acompasan el descenso de la educación, de tal manera que de una edición a otra, en un libro de 250 páginas, en ocasiones se le restan 30 o 50. Es una corrección para peor, sin embargo es una corrección para mejor desde el punto de vista de las trasnacionales. La industria nacional, es obvio, se acomoda a esta metodología e inventa sus propios recursos para sobrevivir, pero lo importante aquí es destacar el peso creciente de las trasnacionales en la difusión de ideas, los recursos que estragan y la metodología que han impuesto.

Ahora bien ¿no es el momento de iniciar un debate sobre nuestra educación en bancarrota y nuestra nula política de textos? Sabemos que estamos comprando a precio de nuevo el viejo libro reciclado ¿Seguiremos aceptándolo? ¿Nos preocuparemos por la pérdida de los derechos de autor del escritor de un workbook, cuando lo más probable es que la editorial posea la totalidad de derechos sobre su obra?

Nuestra República permite que se instalen pasteras con exoneraciones de impuestos que absorben agua a toneladas y erosionan nuestro suelo. Nuestra República permite que miles de familias paguen fortunas por un nuevo texto de catadura muy dudosa, que es diferente y al mismo tiempo igual al anterior y cuyo beneficio económico irá quién sabe a dónde ¿Hasta cuándo permitiremos que se erosione nuestro suelo, la mente de los estudiantes y la República toda? Discutamos la política de textos de la República, habida cuenta que debemos abocarnos con urgencia a la formación de los ciudadanos. No hacerlo es estúpido y criminal.

Las fotocopias incidirán en la edición de textos nacionales universitarios con su perjuicio económico correspondiente. Por un tiempo se puede implementar para las fotocopias de textos, sean nacionales o no, toda una batería de medidas, como el pago de un impuesto por parte de las fotocopiadoras, monto que deberá destinarse a las editoriales y autores que crearon un libro, de igual forma que Agadu cobra cada vez que una radio o un boliche pasan una canción y ese dinero se redistribuye entre los autores. Se puede implementar que las Universidades y todo centro de enseñanza, al elaborar un repartido o al fotocopiar un texto dentro de su recinto, pague un canon determinado a las editoriales de las cuales saca provecho. El Estado, en suma, puede destinar fondos que utiliza vaya uno a saber en qué áreas penosas y comprar a las editoriales sea libros, sea eBooks, para asegurar el acceso de todo estudiante al material de estudios.


El futuro del libro


Mas el libro, así como lo conocemos, tarde o temprano desaparecerá (2). Sólo quedarán librerías que vendan antigüedades, y, por cierto tiempo, libros nuevos en papel para aquellos que ansíen su olor y textura. Este cambio tendrá consecuencias diversas y contradictorias que sólo podemos sospechar ¿Cuando nació la radio alguien imaginó que a medida que encumbraba a los grandes artistas, destruía a los músicos barriales, que es una forma de decir que destruía la música en vivo, de una capacidad terapéutica infinitamente superior a la que uno escucha por cualquier otro medio? Acaso en el futuro se logre algún tipo de control sobre el arte que uno descarga y en ese caso se librará una batalla contra los llamados piratas, quienes reclamarán que el arte vuelva a su seno, pues el artista no es otra cosa que un miembro sensible y pensante de la naturaleza y estimulado por la naturaleza, a quien devuelve, reelaborado en arte, lo que ha recibido. Esa lucha ya la vivimos y aumentará de tal manera que signará un futuro donde el Capital, como aprendiz de brujo, pretenderá dominar las fuerzas que ha contribuido a desatar.

Recién estamos en los prolegómenos de este nuevo Renacimiento; sólo sabemos que ninguna violación al derecho de autor ni dinero perdido evitará que un artista diga lo que precisa decir. Nadie ni nada podrá contra eso. Puede que el arte sea bastardeado, como se bastardea la música con el MP3, y puede que se inicie el fin de esa odiosa, estúpida y falsa división entre artistas y público ¿Quien sabe si entre las consecuencias del socialismo de la cultura no se encuentre el redescubrir que todos somos artistas, matemáticos, cocineros, historiadores y políticos? Sea de ello lo que fuere, no pagaremos un impuesto eterno al primer homínido que dominó el fuego. Su descubrimiento inauguró una nueva era para la humanidad y nos definió como especie. Somos lo que heredamos y sólo nos apropiamos de aquello que fue hecho por nosotros y nos pertenece.




(1) El Fausto de Christopher Marlowe. Pensamiento salvaje. Marcelo Marchese. Editorial el mendrugo.

(2) ¿El progreso dice adiós al libro? http://www.rebelion.org/noticia.php?id=146706

martes, 12 de abril de 2016

El Pacto del Club Naval y la generación de la derrota


Por Marcelo Marchese

imagen del contenido Marcelo MarcheseHacia inicios del 84 la dictadura militar estaba liquidada y sin capacidad de respuesta. Había sufrido la crisis del año ochenta, el contundente NO, la derrota de la dictadura argentina en las Malvinas, el triunfo de los sectores más avanzados en las elecciones del 82 y un considerable voto en blanco, la ruptura de la tablita, la caída de las dictaduras en el continente, el desprestigio a nivel internacional, la pérdida de respaldo de EEUU y por último el rechazo de todo el país. 

 

Esta pérdida de respaldo era apreciable por el acto del 1ro de mayo del 83, organizado por el PIT; el masivo caceroleo y apagón del 25 de agosto; la Semana del Estudiante en septiembre, organizada por ASCEEP; la marcha por 18 convocada por el PIT; el acto del Obelisco del 27 de noviembre y el paro impresionante llevado a cabo el 18 de enero de 1984. Vivía en Avenida Italia y no deben haber pasado más de tres autos ese día. Con quince años y nula experiencia política, pude apreciar que la dictadura estaba muerta.

 

El auge de movilizaciones tuvo dos características principales: la primera, que fueron impulsadas por la Intersocial (el PIT, ASCEEP, FUCVAM y Serpaj). Los partidos políticos tradicionales no tenían ninguna incidencia en la dirección del movimiento, ni eran considerados referentes en la lucha contra la dictadura. La segunda, que las organizaciones eran nuevas y habían sido impulsadas por jóvenes trabajadores y estudiantes, sin una inmediata atadura con las prácticas del pasado previo al golpe.

 

El Partido Colorado observaba estos síntomas alarmantes y con un olfato político certero, resultado de doscientos años de gobierno casi ininterrumpido, comenzó una pulseada con el movimiento popular para dominar la salida de la dictadura. Llamó a formar la Multipartidaria, que terminaría desplazando a la Intersocial. Este desplazamiento alcanzó su cima en el Pacto del Club Naval, llevado a cabo por los partidos políticos con la ausencia del Partido Nacional.

 

¿A través de qué mecanismo los jóvenes creadores del PIT y ASCEEP dejaron arrebatarse la iniciativa, al tiempo que dilapidaban el prestigio que habían acumulado? El análisis de esta disposición mental, que creo no se ha hecho nunca, merecería no un artículo, sino varios tratados. Sin agotar aquí las explicaciones, quisiera invitar al lector a prestar atención a uno de los puntos cruciales del desastre. Todo movimiento renovador, sea en el plano del arte o de la política, es vanguardizado por jóvenes que se levantan contra el pensamiento de sus mayores. La generación del 83 elaboró sus herramientas e inició la lucha contra la dictadura, más o menos liberada de la influencia de la generación del 68 que había sufrido una derrota en toda la regla. Los principales militantes de la generación del 68 habían muerto, o estaban presos, o en el exilio. Una reivindicación clave en la salida de la dictadura era, precisamente, el retorno de los exiliados y la liberación de los presos mediante una amnistía general e irrestricta. El retorno de los exiliados se dio, al tiempo que los presos salían de las cárceles. Esto era una victoria, pero al mismo tiempo produjo un efecto en cierto aspecto contraproducente. Los viejos militantes que volvían aureolados por el martirio, de forma natural ocuparon, pues la generación del 83 se lo permitió, los lugares de decisión. No importaba que vinieran de la derrota. No importaba que su metodología había llevado a un fracaso criminal. No importaba que desde el exilio o la cárcel estuvieran radicalmente alejados de la nueva sensibilidad política. Volvieron por sus fueros, para tropezar dos veces con la misma piedra. No se los puede culpar por desalojar a los jóvenes de la dirección del movimiento; lo que sí podemos hacer es lamentar que a la valiente generación del 83, que enfrentó a la dictadura en momentos todavía difíciles, no le diera el coraje intelectual para enfrentar a sus mayores, sus maestros e ídolos. He aquí dos factores que explican el declive desde el Pacto del Club Naval: una generación de fracasados que vuelve aureolada a pesar de la derrota, y una generación pujante que no tuvo confianza en su propia fuerza, y que no se animó a dar el paso que marcara a un tiempo su independencia y la posibilidad de acumular políticamente, en una salida realmente democrática que derrotara en su totalidad a la dictadura.

 

La creación de la Multipartidaria y su logro definitivo, el Pacto del Club Naval, que determinara unas elecciones amañadas, fue el canto de cisne de la generación del 83, y el triunfo del continuismo. Que aquellos jóvenes aceptaran el camino que condujera a un pacto donde la izquierda participara a pesar de la negativa del Partido Nacional, es un hecho que de ninguna manera creeríamos, si no fuera por el prestigio que ejercieron sobre ellos una serie de instituciones, partidos de izquierda y personalidades, como la del propio Líber Seregni, que si bien acertó al impulsar el voto en blanco en las elecciones del 82, a partir de la creación de la Multipartidaria hizo todo lo posible por llevar a cabo su influencia nefasta. En el inaudito discurso del día de su liberación y en cada uno de los pasos subsiguientes, se convirtió en un bloque de hielo viviente aplicado contra el movimiento popular. A través de no sé qué artilugio, Sanguinetti apretó en un puño a Seregni, y luego, hacia mediados del 85, y desde el poder, logró liberarse de la influencia de Jorge Batlle.

 

La derrota que significó el pacto, y la inmediata merma del empuje popular, se profundizó con la no concreción de la anhelada amnistía general e irrestricta y con el estruendoso fracaso que significó la Ley de Impunidad de 1986. Desde allí hasta ahora la izquierda uruguaya no ha hecho más que retroceder. Sus cuadros, los actuales gobernantes que forman una casta de administradores bien paga, fueron extraídos de las generaciones del 68 y del 83, mas no han dirigido el barco a ningún lado, sino que lo dejan escorar al impuso del viento del capital trasnacional.

 

Hasta hace cierto tiempo, si uno mencionaba este retroceso, se le respondía que estaba equivocado y que el acceso del FA al gobierno era la prueba definitiva. No sé cuántos de aquellos optimistas estarían dispuestos ahora a mantener su posición. El acceso al gobierno del FA se da desde que el FA accede hacia posiciones de derecha que le permiten captar, a través del MPP, a un sector ultranacionalista que antes votaba a Pacheco, y que le permite captar, a través de otras opciones, al tradicional votante batllista. Una breve enumeración de las conquistas del FA alcanzará para pulsar la gravedad de la derrota. Nuestro país continúa y acentúa su rol de economía agraria exportadora, con la consiguiente extranjerización de la tierra, aumento del latifundio e imposición de nuevas y exclusivas reglas para las megaempresas. El tejido económico y social continúa su deterioro, al tiempo que una enervante inseguridad crece a ritmo sostenido. La educación se encuentra a un nivel de fregadero; la corrupción se ha convertido en una práctica usual y más que todo y más preocupante que nada, la República se erosiona a un ritmo vertiginoso, marcado por la atonía social y la ausencia de valentía para mirar la verdad de frente, para debatir las cosas fundamentales que debe debatir un país. No existe una República pujante sin republicanos que la construyan con el debate de ideas.

 

De forma ineluctable, en las próximas elecciones o en las siguientes, el FA perderá el gobierno. Si la derrota se diera en el 2024, el desastre que sufrirá será aún mayor, profundizando su faceta administradora para convertirse en la otra cara del sistema, que utiliza, cuando le conviene, a una pseudo izquierda para que todo siga como está. En esa coyuntura podría llegar a darse el nacimiento de una alternativa, algo que no logramos visualizar. En rigor no está en absoluto a la orden del día la preocupación por crear una organización que exprese, tanto el pensamiento de todos aquellos que votan en blanco, como el de los que aún votando al FA se sienten defraudados por la lenta muerte de una organización sin protagonismo de sus bases, sin apuesta al debate público, sin deseo de conquistar con ideas, sin vocación republicana. Lejos de preocuparse por encender una chispa, quienes sueñan una alternativa deben preocuparse por reunir el combustible. Ningún movimiento renovador es valedero si no se apoya en una ciudadanía crítica, en miles de individuos que se arriesguen a llevar a cabo una tarea a la intemperie y de muy difícil ejecución: pensar con cabeza propia. El tiempo de abandonar dogmas que nos han llevado a este desastre, a esta crisis inaudita de la civilización, parece no haber llegado. La tarea de la nueva generación, si es que algún día llega, será desprenderse de los harapos miserables que ha heredado, para animarse a pensar lo nuevo.

lunes, 21 de marzo de 2016

De cómo el lector transforma al escritor

Por Marcelo Marchese 

Decía Macaulay que no existe nada más tedioso que escuchar ciertas cuestiones personales, sea de boca de un desconocido o sea de un amigo entrañable; mas agregaba que por motivos ignorados, apenas esas cuestiones se trasladan a un texto, nos atrapan de forma irremediable.
Pienso que este cambio se explica porque en la lectura, el hecho ajeno se recibe en la intimidad. Sentados junto a un fuego en una noche de invierno, o acostados en una hamaca una tarde de verano, sentimos, si nos encontramos frente a un escritor auténtico, que aquello que pasa en esas páginas nos está pasando a nosotros. Tarkovski cuenta que de todos los elogios recibidos a su obra, ninguno igualó el que contenía una carta que le envió una mujer a causa de “El Espejo”: “Esa casa donde transcurre la niñez del protagonista es exactamente igual a la casa en que transcurrió mi infancia ¿Cómo hizo para saberlo?”. Por su parte Borges en “Pierre Menard, autor del Quijote” explica cómo un libro cambia según el tiempo y las geografías, pues las palabras contenidas, como cosa viva, transforman su significado. No sólo un lector, sino toda una época de lectores puede resucitar, por necesidad, a un autor que durmió olvidado.
Mas quisiera considerar otro aspecto del asunto; el cómo el lector transforma al autor desde el momento en que el autor escribe para otro. Uno escribe para sí mismo, pero lo escrito tiene valor para sí en tanto ya no sea suyo. Cuando Kafka entrega a Max Brod su obra con el mandato de destruirla, no hizo otra cosa que darla a su amigo para que la hiciera pública, pues de esa manera podía romper su propio temor a perderla, a que fuera de otros, a que se transformara en literatura. Todos nosotros, incluyendo en la palabra todos a los grandes artistas, hemos vivido acontecimientos traumáticos y sufrido derrotas y humillaciones. El arte es la magia más antigua desde el momento en que el hecho traumático, o más precisamente, la dictadura de ese hecho, es destruida por su relaboración, por el agregado de una nueva dimensión. Sea lo que fuere que haya sucedido, al revivirlo y transformarlo, el hecho pasa a ser otro y por eso en la base del trauma debería estar escrito
“El agua estancada genera los reptiles de la mente”.
Nada de esto ocurre sin que el hecho, la dictadura del hecho que sólo ejerce su dictadura en tanto sea único y viva de forma única en la psique del autor, deje de ser individual y pase a ser de todos. El autor, al perder, gana; y eso no se logra sin el lector.
Existen en la historia de la literatura innumerables ejemplos, como cada vez que un poeta alcanzó su objetivo al escribir un poema de amor con un propósito deliberado. En otro aspecto de la transformación del poeta, citemos el ejemplo de Borges al escribir “Funes el memorioso”. El autor, consumido por el insomnio, piensa que se encuentra tirado en la cama de un hotel y piensa que más allá está la ventana, los árboles del pueblo, la plaza, la iglesia y las campanadas que miden el tiempo del insomnio, y entonces piensa en escribir un cuento acerca de un hombre bajo el peso insoportable de una memoria infinita. Un hombre a quien el eterno recuerdo le niegue el descanso. Cuando escribe el cuento, como hecho curioso para él, logra por fin conciliar el sueño. Mas agreguemos un ejemplo elocuente, un ejemplo llevado al extremo de lo obvio. Goethe reta a duelo a un competidor por el amor de una mujer. Este duelo lo lleva a la cárcel, donde escribirá los sufrimientos de un suicida llamado Werther. Cuando lo liberan, su amor se ha casado con su enemigo. Destruido y con su enorme fracaso a cuestas, Goethe abandona la ciudad donde ha tenido la mayor de las dichas que a un hombre le es dada en la tierra, amar y ser correspondido. En el camino a su pueblo natal debemos imaginarlo entregado a amargas reflexiones. Al llegar lo recibe una multitud entusiasta que ha leído su libro. Ha nacido el poeta Goethe. De seguro él, como todos nosotros, hubiese arrojado por la borda su vida de escritor a cambio de alcanzar lo que más deseaba, pero no fue así como el destino tejió los hilos de su vida y sólo podemos saber que Goethe, arruinado, alcanzó un mínimo bálsamo gracias a sus lectores, que lo transformaron en otro, y de alguna manera, le tendieron una mano.
Así como la magia precisa de palabras adecuadas pronunciadas con un ritmo y aspiración convenientes, su hermana, la literatura, sigue los mismos principios y alcanza su propósito cada vez que las palabras emitidas llegan a nosotros y nos transforman, al mismo tiempo que transforman a un autor que escribió hace milenios. La literatura, como la magia, hunde sus raíces en las oscuras aguas del tiempo. El autor del primer cuento fue el primer hombre que contó a otro cómo había cazado un ejemplar magnífico. A partir de él hemos conjurado a los poetas que pueblan nuestras vidas; legisladores desconocidos del universo que pretenden alcanzar el fin supremo, vencer a la muerte, el atributo de los dioses que sólo nosotros podemos reconocerles cada vez que tomamos un libro.

domingo, 6 de marzo de 2016

El principio del fin de la hegemonía frentista y un nuevo principio

por Marcelo Marchese




El Plenario del FA decidió “Rechazar la campaña desplegada por la oposición y diferentes medios de comunicación destinada a menoscabar la imagen y credibilidad, tanto de integrantes de nuestro gobierno, como así también debilitar la institucionalidad democrática de nuestro país”. Desde el punto de vista sintáctico el texto es un horror que se convierte en una prueba pública de nuestro lamentable nivel educativo o en todo caso, del lamentable nivel de los profesionales de la política, que no saben ni redactar un texto elemental. Pero ese es un problema menor. Lo escandaloso es que se considere una denuncia fundada como un atentado a la “institucionalidad democrática”. El Plenario del FA confunde el sur con el norte y la “institucionalidad democrática” con el autoritarismo. El hecho de mentir sobre un título por parte del segundo de a bordo es grave, pero no es un atentado a la “institucionalidad democrática”. El atentado grosero es proclamar que quienes denuncian el hecho, quienes señalan un error y se basan en la verdad, debilitan “la institucionalidad democrática de nuestro país”. Para el FA “la institucionalidad democrática de nuestro país” se defiende ocultando informes sobre la contaminación del agua, como hace la OSE; se defiende trasladando fiscales que cumplen la sagrada función de defender al ciudadano, como hace Enrique Viana; y se defiende al modo de Pivel Devoto, que en una comisión del Senado reconoció que si conocía documentos que alteraran la imagen de los próceres de la patria, jamás los publicaría (él, cuya función era publicar los documentos históricos) (1). Ese es el concepto imperante en la coalición de gobierno sobre la democracia y sobre la información para la democracia; mas la democracia, entre otras cosas, significa señalar los errores de los funcionarios públicos que están ahí para representarnos. No están encima nuestro. No están encima de la democracia. Son elegidos por nosotros y pueden ser revocados por nosotros y si los revocamos será un logro de la democracia. 
La declaración del Plenario del FA genera una sensación de Déjà Vu. ¿Dónde escuchamos algo parecido? Puestos a recordar, el Déjà Vu se multiplica al infinito. Es la misma lógica usada por la Iglesia cuando considera las denuncias a curas pedófilos como un ataque a la Iglesia, y por lo tanto las entierra. Cuando desde el exilio se denunciaban las torturas de la dictadura, la dictadura decía que se quería desestabilizar al país y aquellas denuncias eran infundios de la sedición, una estrategia de los rojos. Sobran ejemplos y son tantos, que debemos considerarlos como resultado de toda conducta corporativa, sea de un Estado, sea de una religión, sea de un partido, sea de un sindicato, sea de una cámara de industria, sea del factor de poder que fuere, siempre y cuando la corporación nacida para un fin crea que es más importante la corporación que el fin para el cual nació, lo cual significa el adiós al fin y la perpetuación de la corporación para fines muy distintos que los originales. 
Esa es precisamente la situación en que se encuentra el Frente Amplio y la prueba última es el DISPARATE ILEVANTABLE que significa esta penosa declaración, terraja por donde se la mire, la cual será motivo de escarnio toda la semana. Testigo del inicio de la debacle se encuentra Esteban Valenti, que en su último artículo (2) alerta: “¿Hoy está planteada la perspectiva del post frentismo? Creo que no, que el peligro real, profundo, grave que afrontamos no es que haya desprendimientos del FA, sino que muchos ciudadanos que nos votaron dejen de hacerlo. Ciudadanos que por diversos motivos, pero básicamente por las razones exactamente opuestas que los llevaron a optar por nosotros en anteriores elecciones, nos abandonen, hacia otros partidos (no aparece en las encuestas un crecimiento marcado de ninguno), hacia el voto en blanco y anulado, ese me parece el gran peligro. Ya lo sufrimos en las elecciones departamentales de Montevideo del 2010”. 
El FA nació como expresión ciudadana de una serie de cambios que precisaba el país. ¿Dónde están esos cambios? Nos responde un silencio cósmico. El “cambio” del FA fue apostar a la inversión extranjera. ¡Vaya cambio! ¿Y para esto se hicieron sacrificios inenarrables? No, no fue para esto, pero aquí es el momento de una necesaria inflexión en este artículo y desde ya digo que no me sumé, pues me repugna, al linchamiento público de Sendic, ni me interesa su renuncia. En cuanto al uso de un título para ejercer funciones políticas u otras que no tengan estricta relación con la función referida al título, recomiendo la lectura de “Licencia para mentir”, de Carlos Rehermann (3). 
Uno siente infinito cansancio al señalar los errores del poder cuando sabe que ese poder en lo alto no es otra cosa que el reflejo de lo que sucede aquí en el llano. Esto no exime al poder, pero la raíz del problema debemos encontrarla en otro lado. En ese sentido se encuentra el reciente artículo de Hoenir Sarthou, titulado “Tabaré Vázquez ¿El principio del fin?” (4) que en su parte medular dice: “¿Estamos viviendo el principio del fin del ciclo “progresista”? Es difícil decirlo, sobre todo porque no hay alternativas a la vista. El agotamiento de los partidos tradicionales fue anterior y muy grande. Por eso, es posible que el Frente Amplio sobreviva por cierto tiempo a la muerte de su propia mística. Algo así le ocurrió al Partido Colorado, con la diferencia de que, cuando su desgaste llegó al límite, estaba el Frente Amplio para sustituirlo”. “Por lo pronto, cunde en la sociedad uruguaya un clima de apatía y descreimiento. Salvo quienes encuentran trabajo en el sistema político y quienes ganan mucho dinero con el modelo “progresista” (que los hay), es como si los demás estuviéramos hartos de nuestros defectos colectivos y, a la vez, nos resignáramos a que el sistema político los reprodujera ampliados e institucionalizados. Es un problema que supera en mucho el juego político electoral y que no puede resolverse sólo mediante un cambio de gobierno. Es un problema cultural, en el más hondo sentido de la palabra”. Nos encaminamos a un sistema ya conocido: gobernarán unos, se desgastarán, vendrán los otros (más de lo mismo) que se desgastarán y el sistema político seguirá jugando al juego de la mosqueta porque nos encanta el juego de la mosqueta, sea en cuestiones de política, sea en cuestiones de deseos personales, y se jugará a la mosqueta con nuestra complacencia, pues para que a uno lo engañen es imprescindible que uno quiera ser engañado. 

Dos visiones de la política 
                           
 ¿Existe alguna esperanza de escapar de la ilusión que nos atrapa? Pienso que para escapar es necesario adoptar colectivamente otra conducta, y para adoptar una nueva conducta es necesario creer que esta realidad no es la única posible. Debemos escapar de la dictadura del modelo único, la única explicación del fenómeno, el origen único del ser humano, el único lenguaje del cual evolucionaron los demás y todas esas paparruchas que niegan que la vida es, primero que nada, exuberancia. Permita el amable lector que desarrolle este asunto con el ejemplo del agua contaminada y nuestra de cada día. 
Los químicos de la OSE saben que el agua es un desastre irremediable. Le informan a sus directores, que le informan al Presidente y todos ellos saben (salieron a luz pública informes que tenían bajo siete llaves y a nadie le importó un pepino) que el agua es una suerte de licuado que incluye sustancias nada aconsejables. Ahora ¿qué haría usted, lector, en el lugar del Presidente? ¿Alarmaría a la población? ¿Le diría a la gente que el agua es un veneno, cuando la gente no tiene otra opción que tomar esa agua? ¿No se quedaría callado y apostaría a mejorar el agua con todos los recursos posibles? En todo caso ¿tendría otra opción? Y en tanto estas cosas barrunta, acudirá a su mente la idea salvadora: “La política es el arte de lo posible”. Aquí tenemos bien representada una visión de la política, que agrega: “La masa necesita héroes: démosle héroes, aún a costa de tergiversar documentos históricos o destruirlos”. “Pero surgirán unos pocos que defiendan la verdad histórica, aunque sea una verdad perjudicial para la masa”. He ahí el problema, y a ese problema, a esa otra y muy diferente visión de la política, la llamaremos:
  
“La subversiva visión republicana” 

  En todos los países surgen historiadores que desestabilizan el mito oficial. En todos los tiempos y geografías habrá iconoclastas en diversos campos del pensamiento. 
No existe un “principio del fin” de la hegemonía del Frente Amplio, como anuncia Hoenir Sarthou, sin el crecimiento de ese espacio, por ahora inarticulado, sobre el que alerta Esteban Valenti. Yendo a nuestro ejemplo, tenemos el camino seguido por todos los gobiernos de nuestro país, y también tenemos la subversiva visión republicana que dice que el remedio para solucionar el problema del agua pasa por decirle la verdad a la población. Es toda una declaración de guerra. Los subversivos no esperan que el funcionario resuelva el problema en las calendas griegas, sino que apuestan a que la conciencia pública afronte la realidad, condición indispensable para una transformación. Apuestan al saber colectivo de una sociedad y apuestan a todo el poder que anida en una sociedad, el cual rara vez se utiliza. Por eso un científico como Daniel Panario informa a la población lo que algunos callan. Antes que nada la suya es una actitud republicana, como la del Fiscal Viana y el movimiento Uruguay Libre de Megaminería. Saben que hay poderes detrás del poder político, infinitamente más grandes que el poder político, que son responsables de que el agua contenga microcistina, atracina, fósforo a rolete y todo lo demás. Pero esta visión diferente, y no sé qué tan minoritaria, de la política, se encuentra con un duro escollo, que es este razonamiento bastante mayoritario: “Esta bien. La soja contamina. El eucalyptus contamina. Las fábricas y la gente con sus waters contaminan. Pero si dejamos de plantar soja y eucalyptus y usar waters, nos moriremos de hambre y estreñimiento, que de seguro es mucho peor”. Volvemos a tropezar con la piedra de la única realidad posible. Debemos afrontar que el modelo de la soja y el eucalyptus y los waters tirando desechos al río, no es el único y maldito modelo posible. Existen otros modelos; el problema es que no tienen la propaganda que tiene el actual modelo, y no tienen propaganda pues su propaganda es ahogada por la propaganda de los que plantan soja, eucalyptus y fabrican waters, ayudados además por el poder propagandístico del Estado y la Academia. La soja y el eucalyptus (dejemos a los waters para un próximo artículo) además de regar nuestra tierra, aire y agua con insecticidas, fungicidas, herbicidas y altas dosis de fósforo y nitrógeno, cumplen el maravilloso rol de extender el latifundio, lo que significa en Uruguay la expulsión anual de más de mil familias de productores rurales, sea bajo la dictadura militar, sea bajo gobierno blanco, colorado o frentista. No sé a dónde irán a parar esas familias, pero su nivel de vida se deteriora y alguna irá a los cantegriles, y así, a la hora de pensar en el problema obsesionante de la seguridad, tenemos que recordar que algo tiene que ver en el asunto el latifundio, el cual, al expulsar al productor de lechugas y tomates, hace que luego las lechugas y los tomates valgan un huevo, en el sentido de que los huevos valen un disparate. ¿Se entiende? Una cosa lleva a la otra. La tierra se concentra en pocas manos y se extranjeriza. Siendo pocos, en un país pequeño, deberíamos apostar, si hablamos de economía agraria, a la producción de alimentos de calidad, sin contaminantes y más sabrosos, bien pagados en todo el mundo. En cambio nos dedicamos a plantar soja para alimentar gallinas y puercos. ¿Quién decide tal cosa? Por ahora, los dueños de la tierra. ¿Y el resto? Por ahora jugamos al juego de la mosqueta. (1) Véase esta confesión en “Traición a la patria” de Guillermo Vázquez Franco, y el ataque de este historiador a esta tenebrosa visión. (2)”El post frentismo y el destru-frentismo” http://www.uypress.net/uc_66933_1.html (3) http://www.henciclopedia.org.uy/Columna%20H/RehermannLicenciaparamentir.htm (4) http://www.voces.com.uy/articulos-1/indisciplinapartidarialacolumnadehoenirsarthoutabarevazquezelprincipiodelfin

martes, 1 de marzo de 2016

De cómo los dirigentes de Peñarol bautizaron las tribunas con los nombres de los dirigentes de Peñarol

por Marcelo Marchese



Cuando me enteré quedé estupefacto, mas luego, recobrado del golpe bajo, consideré que las personas manifiestan sus prejuicios inclusive hasta en la forma de cortarse las uñas. Veamos el trasfondo de esta decisión inopinada que trasciende al fútbol y muestra una visión de la vida.
El presidente honorario de Peñarol, Julio María Sanguinetti, salió a justificar esta decisión. “¿Por qué los presidentes? Porque son los líderes institucionales, y porque en el caso han sido realmente líderes, no solamente presidentes de ocasión. Si Peñarol es campeón del siglo es por el glorioso período Güelfi-Cataldi-Damiani. Es en ese período que se ganan las Libertadores, las intercontinentales, con un liderazgo muy importante, fundamental”. Así que nos enteramos, los hinchas de Peñarol y todos los demás, que no ganamos las Libertadores gracias a Spencer, Rocha, Mazurkiewicz, el Pepe Sasía, Fernando Morena, Venancio Ramos y Diego Aguirre, no, fue gracias a los presidentes, nos lo dice el presidente honorario de Peñarol. Con el mismo criterio, los cuadros de Leonardo da Vinci no debemos agradecerlos a Leonardo, sino a Ludovico Sforza, que bien que le pagaba a Leonardo para que experimentara en el taller y en la cocina. Con Velázquez y Goya sucede lo mismo, debemos estar agradecidos a Felpe IV y Fernando VII, pues sin su “liderazgo muy importante, fundamental” no se hubieran pintado los cuadros inmortales.
Según cuentan, cuando Maracaná, los dirigentes entregaron a los jugadores unas medallas de plata, en tanto, unos a otros y muy orondos, se colgaban brillantes medallas de oro, y es lógico, pues no ganamos la final gracias a Obdulio, Schiaffino o Ghiggia, ¡No!, fue un “liderazgo muy importante, fundamental” el que determinó la victoria. La cocinera de la casa no nos da un manjar, es al patrón que le paga el sueldo a quien debemos agradecer aquello que la cocinera supo cocinar. Es la lógica de los burócratas que piensan que al mundo se lo construye desde un escritorio, pues jamás pensaron, pues no les conviene, que al mundo lo mueven los trabajadores. Eso que el lector está viendo en este instante, sea el monitor, sea su escritorio, con absoluta certeza se lo debemos a un trabajador.
Mas no se crea que la directiva no consideró la posibilidad de bautizar a las tribunas con los nombres de los héroes de Peñarol. Preste atención a la argumentación de nuestro presidente honorario: “Naturalmente el debate lleva a preguntarse porqué no los jugadores. Yo hablé con varios miembros de la comisión que me hicieron el honor de consultarme, y todos coincidíamos en que era imposible. Porque uno dice, pongamos los jugadores de Peñarol de Maracaná, Máspoli, Schiaffino y Míguez. Y otro dice ¿Los de la Libertadores no corre nadie? Ni Spencer, ni el Tito... Otro dice, vamos a los grandes centrohalf, los Harley, los Fernández, los Gestido. ¡Y queda afuera Morena, el más grande goleador de la historia! Y así sucesivamente. Es decir, que se hace casi imposible tener un criterio equilibrado”. El argumento es el siguiente: son tantos los jugadores gloriosos, que es imposible elegir; siempre quedarán unos cuantos afuera. Es como si alguien dijera: “Son tantas las deudas que tengo, que no pago ninguna. Son tantos los cuadros de pintores que me gustaría tener, que tengo las paredes peladas. Son tantos los libros que debería leer, que no leo nunca”. Tal es el “criterio equilibrado”: en vez de alentar a los jugadores y a la hinchada con los nombres de nuestros héroes, los grandes atletas que jamás dieron por perdido un partido hasta el pitazo final, se homenajea a los hombres sentados en los escritorios, aunque se hubiesen esguinzado y rodado por el campo a la hora de patear una pelota. Me debería reventar decirlo, pero no hay por qué temerle a la verdad: ¡Qué bien que hizo Nacional al bautizar sus tribunas con los nombres de Scarone, Atilio García y Abdón Porte, aquel que se suicidó una tarde en el sitio de sus glorias. El cuarto nombre fue para no sé qué dirigente, cuando deberían haber homenajeado a Victorino, De la Peña o Seré. Por lo menos metieron tres de cuatro, ¿pero nosotros? ¡Qué papelón! ¿Y para colmo, creo que por voto de la hinchada, le encajamos al estadio el nombre “Campeón del Siglo”? ¿Pero no dice nuestro lema “Serás eterno como el tiempo y florecerás en cada primavera”? ¿A quién se le ocurre encorsetar la eternidad de Peñarol en unos cuántos años? ¿Ya resignaron el siglo XXI, y el XXII? ¿Sólo fuimos gloriosos durante el siglo XX? ¿Para cuánto tiempo fue pensado este estadio?
Nada de esto tiene sentido, o tiene un sentido nefasto, pero aún queda analizar una última argumentación a favor de esta decisión suicida para cualquier cuadro que pretenda seguir un camino de gloria: “Ese fue el criterio institucional, que es el que siguen los países. Por algo se pone Artigas, Rivera y Lavalleja, se ponen los líderes. Los que condujeron, que establecieron el rumbo, los que pusieron las condiciones para la existencia y el desarrollo de una nación”. Al presidente honorario se le escapa el detalle que los países son regidos con la misma lógica utilizada por los dirigentes que no homenajean a los trabajadores y los artistas, sino a los dirigentes. Fueron los dirigentes de Uruguay quienes le pusieron a todo los nombres de Artigas, Rivera y Lavalleja. Cuando Inglaterra y Brasil decretaron el nacimiento de Uruguay en 1828, según innumerables testimonios (y no hay uno sólo en contra) nadie recordaba de buen modo a Artigas y mucho menos pretendía homenajearlo. Ninguna calle se llamó Artigas, ni plaza, ni nada en absoluto. Era de muy mal gusto mencionarlo. Es recién en el período del militarismo que un lobby de intelectuales resuelve, con la anuencia del Estado, que el héroe a adorar por la masa sea Artigas, y a partir de ahí se pintaron cuadros, se hicieron canciones grandilocuentes, se elaboraron himnos, se construyeron estatuas horrendas, se bautizaron calles y plazas y se decretaron feriados para que se venerara a uno que no reconocía al Río de la Plata como frontera, pues esa veneración “se perpetuará con el tiempo a pesar de cualquier obstáculo”, como declaró Carlos de Castro, Ministro del dictador Santos y Gran Maestre de la Masonería, al justificar la persecución de quienes no se plegaran al culto que los dirigentes pretendían establecer. Ni Artigas, ni Rivera, ni Lavalleja “pusieron las condiciones para la existencia y el desarrollo de una nación”. Esas condiciones las impusieron Pedro I y Lord Ponsonby, y significaron la derrota de Artigas y Lavalleja (dejemos al astuto Rivera por fuera de este lío).
Así que la lógica “lo que hacen los dirigentes del cuadro es lo mismo que hicieron los dirigentes del país”, dicho por un presidente honorario de un cuadro que fue dos veces presidente del país, sería equivalente a decir frente a una buena ensalada “habida cuenta que estas verduras fueron regadas con pesticidas y fungicidas, en vez de sal y aceite rociémoslas con un poco de arsénico y estricnina”.
Las palabras se comportan de manera curiosa e independiente de nuestra voluntad. Podremos bautizar una cosa con un nombre arbitrario, pero el tiempo, como si la cosa reclamara su nombre, restablecerá la relación natural. El nombre de las tribunas fue impuesto a contrapelo de la hinchada e incluso, en una operación de muy mal gusto, por seis votos contra cuatro en el Consejo Directivo (el consenso no es un criterio de recibo allí adentro). Veremos si logran perpetuar en el tiempo esa tergiversación de la Historia, esa falta de respeto a quienes hicieron la gloria aurinegra. En cuanto al nombre del estadio, si el tiempo glorioso de Peñarol es cosa del pasado, los carboneros, con cada derrota, nos empecinaremos en llamarle “Campeón del siglo”.
Ojalá que ese nombre ignominioso sea sepultado por futuras glorias.


lunes, 15 de febrero de 2016

El retroceso civilizatorio

Por Marcelo Marchese
Hace una semana en Arabia Saudita se apresó a uno de esos narradores orales típicos del mundo árabe, un heredero de los confabulatori nocturni que nos legaron la obra capital de la literatura fantástica, Las mil y una noches. El narrador fue apresado a causa de un relato donde un propietario pretendía expulsar a una arrendataria de su tierra, proceso en el cual la viola. 
 
La violada logra, sin embargo, matar al violador y a los nueve meses da a luz, lo cual origina que un representante de la religión venga a llevarse al bebé, entablándose una lucha donde muere dicho representante. Esto lleva a la entrada en escena de la policía, que golpea a la víctima hasta dejarla inconsciente (la policía de todo el mundo, al parecer, practica la misma metodología) y luego construye un montaje para inculpar a la víctima (la policía de todo el mundo, al parecer, practica la misma metodología) por el cual le coloca un cartel que dice “¡Viva el EI!”. Llevan a esta mujer al juez, quien la condena a la horca, pero como la mujer del cuento es una maga, o si usted prefiere, una bruja, logra engañar al juez, que se coloca a sí mismo la soga en el cuello y muere. 
 
Los nobles señores, de moral irreprochable, que habían llevado a sus hijos a la plaza donde el narrador hacía su cuento, esos mismos que uno que vivió en el mundo árabe hace dos mil años trató de “sepulcros blanqueados”, se levantaron indignados contra tanta violencia y acudieron al juez que dictó la obvia sentencia. Para acallar posibles objeciones, uno de los principales representantes de la adecuada forma de pensar, un teólogo de barba y turbante que vive, como buen perro guardián, a la sombra del poder, alegó que el criminal se tenía bien merecida la cárcel pues uno no debería decir lo que se le antojara y debemos poner un límite a lo que se dice toda vez que dañe a terceros o se haga apología del terrorismo.

Todo esto es repudiable y el amable lector estará de acuerdo conmigo. Ahora le pregunto si le resultaría igualmente repudiable si yo reconociera que todo lo que he dicho es irreprochablemente verdadero salvo un detallecito (a los escritores y a los políticos y a los maestros se les ha permitido mentir) y es que el lugar del crimen no fue Arabia Saudita sino una de esas tierras a las cuales los musulmanes regalaron su civilización. El teólogo del cuento, más preocupado en los límites a la libertad de expresión que en la libertad de expresión ¡Válgame Dios! es el filósofo Fernando Savater. Éste, me temo, es uno de esos hombres que puesto a elegir entre un motor y un freno para dar la vuelta al mundo, elegiría el freno sin dudarlo.

Este asuntillo de la cárcel para los titiriteros de Madrid que representaron su obra en pleno Carnaval, tiene un trasfondo vinculado al temor que la derecha siente ante el avance de una fuerza nueva como Podemos y está directamente relacionado con la complejidad de las alianzas políticas habida cuenta que nadie tiene mayoría. En conclusión, la derecha no ha dudado en sacrificar a modo de chivos propiciatorios a los titiriteros toda vez que pueda apelar a la España de “¡Vivan las caenas!” para empujar al PSOE a una alianza con ella. Pero ese trasfondo, innegable, tiene otro más amplio, la arremetida autoritaria que azota al mundo occidental. Veamos las características de esta arremetida estudiando los argumentos que justifican el encarcelamiento de los artistas.

Savater arguye que la libertad de expresión debe tener un límite y pregunta si el líder de Podemos se opondría a que se encarcelara al autor de un libro como “Mi Lucha”. La referencia a “Mi Lucha” en un personaje como Savater es inevitable y demuestra el carácter limitado de su imaginación, carácter subsidiario con su desprecio a la libertad de expresión. 
 
Se ha reeditado hace poco en Alemania “Mi Lucha”, en una edición acribillada de notas y prólogos y todo lo demás. ¿Es “Mi Lucha” el libro más perverso de la Historia? Puede ser. Para mí es todavía peor, y cien mil veces más peligroso, “La República” de Platón (sin el cual “Mi Lucha” ni existiría) y puedo decir que es más peligroso porque pude leerlo, pues existe una cosa llamada libertad de expresión que permite que se publique un libro en donde un sujeto argumente que es necesaria la mentira para mantener dominados a los ciudadanos, que los jefes deben administrarla como si fuese una medicina y donde propone que a través de trampas sofisticadas, los más perfectos procreen a los futuros ciudadanos. Me estoy refiriendo, por supuesto, al libro de Platón, no al de ese otro que no sabía ni escribir ni pintar ni cortarse el bigote razonablemente. Este Platón argumentaba a la postre que lo mejor para una ciudad era ser gobernada por los filósofos. Seguramente, que él mismo fuera filósofo no tiene nada que ver con la conclusión a la que arribó tan alegremente. 
 
Bien ¿por qué defiendo el derecho irrestricto de Platón a decir los disparates más abominables? Por un lado porque nos permite entender a su época y a los filósofos que mamaron de él como de una vaca sagrada, pero más importante todavía es la necesidad de permitir que las ideas surjan libremente para que la humanidad las adopte, las rechace o las distorsione según sus propias necesidades históricas. La defensa de la libertad de expresión parte del principio del respeto a la inteligencia de la humanidad. Por otra parte no he logrado descubrir quién sería ese ser perfecto que podría detectar qué ideas serían benéficas para nosotros y cuáles peligrosas ¿El lector lo conoce? ¿Sería acaso, la mayoría? Una idea se hace carne en el hombre cuando las necesidades históricas la reclaman. Las únicas formas de desterrar una idea maligna es ora demostrando su malignidad, para lo cual es necesario rebatirla y conocerla; ora transformando las circunstancias históricas que la generaron. Si impedimos a la gente expresarse libremente, acaso por causa del miedo nos perdamos alguna forma de pensar que nos lleve a mejorar esta dudosa vida que llevamos.

¡Pero todo debe tener un límite! ¡A ti no te gustaría que te difamaran”. No hace mucho me tocó ser difamado por un sionista, a quien quedé agradecido por considerarlo un alto honor. Defiendo el derecho del difamador a tirarse a un pozo de excrementos con toda libertad. Para mí es suficiente castigo la fuerza de los argumentos, pero entiendo el derecho del difamado a llevar a juicio al difamador si quiere perder el tiempo de esa manera. Así que salvo ésta, la difamación, no acepto ningún límite a la libertad de expresión, entendida como la libertad de expresión de ideas, y si le pusiéramos límites a la libertad de expresión de ideas ya no podría llamarse libertad de expresión de ideas, sería un derecho a la expresión condicionada por el bien, por la mayoría o por la paz universal.

Mas he aquí que detrás del argumento de los límites a la libertad viene reptando el relativo a la violencia desplegada por los titiriteros en una obra para niños. Que la obra en sí no fuera pensada para niños no viene a cuento, pues lo importante aquí son las razones de esta arremetida intolerante que sólo aceptaría obras para niños ayunas de violencia, es decir, aceptaría esas obras que los niños sólo ven obligados por unos padres previamente derrotados. Una obra infantil (o para adultos) sirve de algo si incluye conflictos, luchas de valores y por lo tanto violencias que no son otra cosa que la proyección de las luchas interiores del espectador a escena. Los best sellers de la literatura infantil son los Cuentos de Grimm y Las mil y una noches. Originalmente a las hermanas de La Cenicienta la madre les cortaba los dedos de los pies y los talones para que encajara el zapatito, mas las medias blancas se teñían de rojo y las delataban. Para completar el castigo los pajaritos, amigos de La Cenicienta, las dejaban ciegas. El niño que escuchaba este cuento quedaba fascinado por el triunfo del bien y el castigo del mal. Luego, los maestros y otros prohombres lograron atenuar los aspectos macabros del cuento primitivo, lo edulcoraron y lo castraron y lo hicieron algo más o menos inservible. En cuanto a Las mil y una noches, el cuento central que incluye infinitos cuentos habla de un tirano sanguinario y misógino que asesina a una mujer cada noche, hasta que la heroína lo engaña y logra curarlo y salvar a su pueblo con la fuerza de su poesía. En el reciente éxito adolescente Harry Potter aparecen violencias por doquier y mueren una cantidad de personas buenas, malas e intermedias. El propio Harry Potter es aborrecido en más de una ocasión, y difamado. Es huérfano, pues han asesinado a sus padres, y todos los sinsabores y las violencias que debe sufrir y superar, incluyendo las torturas propinadas por la directora del colegio, explican la adhesión del público.

En síntesis, el argumento de la protección a la infancia basado en evitarle obras de arte que contengan violencia, es una paparrucha que no resiste al empuje del más leve airecillo y niega, para colmo, a Los tres chiflados, El Gordo y el Flaco, Tom y Jerry y La Biblia. Pero atención que viene la frutilla de la torta argumental dando saltitos: se usa un cartel que dice algo en defensa de ETA. Que sea un policía el que coloca ese cartel sobre la víctima, parece ser intrascendente. Nos topamos con algo muy, pero muy anterior al neanderthal, la incapacidad de comprender una simbolización. Tarantino fue acusado de racista por hacerle hablar a un personaje racista de modo racista. ¿Cómo pretenden estas gentes que hable un personaje racista? Así que no hablamos ya de difamación. No hablamos de la exposición de una idea en un artículo periodístico. Hablamos de la condena a una expresión artística, el colmo del delirio autoritario, el deseo de dominar la creación más elevada y terapéutica del ser humano. Esta persecución se aúna a la que deben vivir los humoristas cada vez que hacen un chiste ofensivo para con los negros, los gordos, los flacos, los gay, los gallegos, los turcos o los judíos y se aúna a la persecución que sufre cualquiera que diga puto en vez de gay, negro en vez de afroamericano y bufarrón en vez de “hombre que satisface a otros hombres a cambio de dinero o bienes de algún tipo”. Cuando el autoritarismo se mete con las palabras es indicativo de que estamos tocando fondo. Esa es la situación en la que estamos. Los guardianes de la libertad y la democracia con la mano derecha bombardean a los bárbaros y con la mano izquierda nos arrebatan las libertades que hemos conquistado a costa de mazmorras, autos de fe, potros de tormento y revoluciones sangrientas. El retroceso civilizatorio nos arrastra a la necesidad de defender los principios elementales que reconquistamos hace dos siglos. Y estamos recién en el inicio del reflujo que nos llevará a la Era Tenebrosa. Se trata de luchar por sostener el derecho a hablar, a usar del lenguaje con libertad, a reír, a liberar la imaginación y se trata en suma de luchar por mantener una tradición que lleva mucho más que dos siglos, el Carnaval, ese reino mágico donde por un breve lapso cambia el eje del mundo y se subvierten todos los valores.