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domingo, 6 de marzo de 2016

El oscuro horizonte político de los uruguayos

por Fernando Gutiérrez Almeira





Después de la dictadura militar los partidos tradicionales pudieron aprovechar de manera contundente el retroceso que la propia dictadura había producido en las fuerzas de izquierda, reducidas practicamente a la institucionalidad aceptada a regañadientes del Frente Amplio, por la descomposición y exilio que los movimientos izquierdistas de base habían sufrido, para volver a gobernar el país durante mucho tiempo. Durante esos largos años procedieron a desarrollar con la aquiescencia continua de la población excepto en puntuales casos como la negativa popular a la privatización global de las empresas públicas, o la comercialización privada del agua,  una política económica y social que degradó profundamente las bases ya endebles de la vida nacional hasta culminar en el caos visceral y brutal acontecido bajo el gobierno de Jorge Batlle, subrayado tenebrosamente por el suicidio de un hombre en el propio Palacio Legislativo.


          El abismo al que llevaron el país los gobiernos blanqui-colorados en clara continuidad con la sangría dictatorial de la riqueza y la dignidad del país se describe en estas líneas extraídas de una de las cartas que escribió aquel hombre antes de quitarse la vida, que en paz descanse:  “Quiero decirles que lo único que hice en la vida fue trabajar y luchar con mi compañera para criar a nuestros hijos, educarlos y que tuvieran lo básico para ser buenas personas, esto que estamos viviendo me hizo pedazos no solo económicamente sino que también destrozó mi corazón al punto tal de tomar esta determinación.En este país donde los escrachadores son escrachados, donde los presidentes que combaten el contrabando son los mas grandes contrabandistas, donde hoy por hoy todo lo que nos rodea es espantoso, cuando vemos a la gente de nuestro país muerta de hambre, sin trabajo, sin tener que comer, perdiendo ya no la calidad de vida sino la vida.”

Fue bajo estas condiciones extremas, con los uruguayos acosados por un miedo subterráneo a que un nuevo gobierno blanco o colorado hundiera el país aún más, como en un pozo sin fondo, que el electorado decidió por pequeño margen mayoritario volcar sus esperanzas en el Frente Amplio, que para ese entonces ya se había revestido de una mayor apariencia de institucionalidad y moderación pero aún era capaz de movilizar  gigantescas multitudes eufóricas tras su bandera.

En los siguientes años, el Frente Amplio en el gobierno actuó como un reparador de las desgracias del país, convirtiéndose cada una de sus iniciativas políticas en un paliativo para la degradación social y económica a la que había sido arrastrado. Para lograrlo tuvo como evidente ventaja el hecho de que se le presentó una coyuntura económica internacional muy favorable, que puso viento en popa a sus iniciativas benefactoras sin que mientras tanto mejorara realmente la distribución de la riqueza en el país sino que, por el contrario, con la entrada de grandes capitales inversores, esa distribución en realidad empeorara, mientras se sometía a un total descuido y degradación las cuestiones medioambientales.

La herida social dejada por la dictadura y los posteriores gobiernos blanquicolorados era, sin embargo, muy profunda, y las cárceles siguieron estando superpobladas, la delincuencia juvenil floreciente, la criminalidad asociada al narcotráfico muy activa, la mendicidad asentada en las calles como un dato inexorable de la realidad, etc. Solo medidas drásticas de redistribución social de la riqueza que nunca sucedieron podrían haber contribuido a una curación adecuada de esa horrenda herida, pero estas medidas nunca llegaron sino que las políticas del Frente Amplio para subsanarla se limitaron siempre a la implementación de toda clase de paliativos, que jamás chocaron con una política macroeconómica tendiente siempre a la inserción del país en la dinámica global de la economía, dinámica que como bien sabemos nada tiene que ver con la idea de redistribuir la riqueza que siempre fue una fundamental reivindicación de las fuerzas izquierdistas en tanto ellas tuvieron siempre como ideal la igualdad y la justicia social.

En la actualidad el proceso del Frente Amplio ha mostrado ya todo lo que puede dar por el camino de la asistencia social que deja incólume la inequidad de fondo, y se encuentra expuesto a una situación internacional desfavorable tanto desde el punto de vista económico como desde el punto de vista político con el resquebrajamiento en América Latina de los llamados “gobiernos progresistas”, con la ambivalente excepción de lo acontecido en Argentina, cuyo gobierno anterior tenía una política sumamente conflictiva con los intereses uruguayos. En estas condiciones, además, las personalidades que encarnan la imagen del Frente Amplio se encuentran muy desgastadas por el propio ejercicio del poder estatal y dado este panorama es que la vieja guardia blanqui-colorada ha decidido intentar de nuevo fortalecerse y retomar el poder. Para ello está ensayando estrategias de convencimiento de la población que combinadas podrían darle un buen resultado.

La más notoria estrategia utilizada por las fuerzas blanqui-coloradas contra el gobernante Frente Amplio es la de desprestigiar a sus figuras políticas, tanto sea utilizando lo que ellas mismas han convertido en su propia ruina, como en el caso de Raúl Sendic y su indocumentada licenciatura que solo existe desde el punto de vista de la verbalización que hace de ella, que lo ha puesto en vergüenza pública para gran alegría de sus detractores. También han utilizado la estrategia de dejar atrás aquellas figuras políticas de su propio pasado que encarnan la tragedia a la que sometieron ferozmente al país durante sus gobiernos, ofreciendo al público candidaturas envestidas de renovación marketinera, con la presencia últimamente del empresario Novick, que se muestra a sí mismo como un outsider de la política cuando en realidad solo es la encarnación de  una nueva manera por parte de las fuerzas blanqui-coloradas ya profundamente aliadas entre si de tratar de devolverse a sí mismas el poder que durante tanto tiempo poseyeron. Por supuesto, una tercera estrategia blanqui-colorada inexorable es la de utilizar aquello en lo que el partido gobernante ha fallado como dato crítico que permite el reclamo de un cambio de gobierno, centrándose en el incapacidad del Frente Amplio para cerrar la herida social y solventar la equidad, incapacidad que se refleja en la permanencia de aquellos fenómenos sociales, como la delincuencia marginal, que exhiben a plena luz dicho fracaso. Y por último, han apelado insistentemente a mostrar las falencias gubernamentales en materia de gestión de las empresas públicas, que nunca dejan de existir si se investiga un poco, y en materia de educación, uno de los más intrincados problemas nacionales que no resiste como solución el enfoque llevado adelante por el gobierno de convertir al sistema educativo público en un mecanismo de contención de los problemas sociales.

En el horizonte, por lo tanto, se puede augurar tiempos oscuros para el Frente Amplio, en tanto la coyuntura internacional parece que seguirá siendo desfavorable por un buen tiempo, tanto política como económicamente, aún cuando el Frente Amplio ha tenido una conducta “correcta” respecto del interés geopolítico estadounidense que nada tiene que ver con los rechazos antiimperialistas de sus primeros líderes, y ha logrado un moderado éxito hasta ahora en sus políticas paliativas y desmovilizadoras del conflicto social. A esta altura de su presencia en el gobierno tal vez esperaban sus actuales dirigentes que se diera la coyuntura apropiada para apuntalar claramente su prestigio frente a la ciudadanía pero se encuentran en cambio con el viento en contra, y con la oposición blanquicolorada desarrollando fuertemente su estrategia para volver al poder, creando artificialmente un ambiente electoral con cuatro años de antelación a las próximas elecciones. Es probable que las fuerzas de la derecha tradicional uruguaya estén ahora dispuestas a persistir de un modo u otro en su campaña política de largo alcance, ignorando la lejanía de las próximas elecciones y pensando en un trabajo lento pero seguro de desmoronamiento de la imagen del Frente Amplio.  Sin duda que cualquier vuelco negativo del panorama económico será un elemento pródigo en resultados para minar la capacidad del gobierno en su resistencia frente a la campaña derechista, y ya lo ha sido esta acelerada devaluación de la moneda nacional que se dio en los dos primeros meses del 2016.

Pero el principal factor para la decadencia de la imagen del Frente Amplio es su autodestrucción como idea movilizadora de voluntades.  En su fundación el Frente Amplio fue pensado en primer lugar como una acumulación de fuerzas tendientes a contrarrestar el sometimiento del interés nacional a la dinámica global de la economía y los intereses foráneos. Se entendía en aquel momento que se estaba creando una fuerza esencialmente nacionalista, patriótica, defensora del interés de los uruguayos frente a las influencias exteriores,  y dispuesta a enfrentar tremendos y violentos desafíos en su contra. Ese Frente Amplio ya no existe mientras que en su lugar, después de varias generaciones de líderes por medio, ha quedado una fuerza política con sus bases militantes totalmente reducidas,  y abocado a una estrategia de conciliación imposible entre la voracidad de los intereses empresariales nacionales y extranjeros y el interés de la mayoría popular. De este modo el Frente Amplio ya no se presenta como una fuerza antagonista sino como una fuerza conciliadora y mediadora que busca entre sus resultados una moderada satisfacción de la población en cuanto a la superación de las carencias tenebrosas del pasado. Esta moderación de su discurso, que le quita cada vez más el sentido de su propia autenticidad y el peso ético, permitiendo que el desprestigio medre fácilmente desde su propia interna, lo está llevando a un estancamiento como proyecto de país, y es a través de este estancamiento que puede dirigirse hacia su derrota electoral.

Basta comparar la estatura ética, política, y el perfil claro de confrontación e idealización de las metas que se reflejaba en los discursos de Zelmar Michelini, uno de los grandes fundadores indiscutibles del Frente Amplio, que dio su vida por la causa nacional en tanto quienes decían defender los intereses de la nación fueron quienes lo torturaron y asesinaron, basta compararla, digo, con la ambivalente figura de los líderes actuales del Frente Amplio, que caen en continuas contradicciones en su discurso al buscar conciliaciones de intereses donde no las puede haber, y carecen de ese clara impronta ideológica izquierdista que ha desfallecido aquí y en todas partes, para dar cuenta de que el principal factor de decadencia del Frente Amplio es su vaciamiento como proyecto y como idea movilizadora. Es en estas condiciones que desde la propia izquierda uruguaya se ha levantado cada vez más una corriente de voces que crítican y acusan a los dirigentes frenteamplistas de estar de espaldas a la propia significación del Frente Amplio como idea motor. Así, a la desmovilización que los propios dirigentes han creado se suma la critica que estos dirigentes reciben por su papel en la desmovilización, y retroalimentándose lo uno con lo otro, se crean a su vez los huecos por los cuales será fácil para la oposición blanquicolorada dar sus calculadas estocadas. Incluso puede verse que una parte de la sutil campaña de la oposición consiste en alentar este conflicto entre las voces críticas y los dirigentes, y un elemento que ha resultado exitoso para ello es utilizar todos los elementos de desprestigio que los propios dirigentes frenteamplistas tienen en su haber.


En fin, es de esperar que el Frente Amplio enfrente su encrucijada de dos maneras: llegando a las próximas elecciones tratando de conservar sus fuerzas electorales por el expediente de tratar de neutralizar los factores económicos negativos y de contrarrestar la estrategia blanquicolorada, sin tocar en esencia las claves de su propia decadencia, o, lo cual me parece muy improbable, yendo hacia una total reestructuración de sus lineamientos estratégicos y a una aguda renovación de su dirigencia. En todo caso hay que temer, pienso yo, el posible ascenso de las fuerzas blanquicoloradas, no porque deba asumirse que no son capaces de llevar adelante un gobierno exitoso, sino porque lo que los antecedentes históricos nos indican es que sí son muy capaces de llevar adelante gobiernos desastrosos y ajenos al interés de las mayorías. La otra alternativa, la de que surja una tercera opción política clara e independiente, que de nueva luz y esperanza a los electores, resulta todavía más improbable, dada  la lentitud con que tradicionalmente cambian las tendencias electorales en Uruguay. En fin, parece que a los uruguayos se les avecina un oscuro horizonte político.

domingo, 28 de febrero de 2016

La soledad como ausencia del otro


Por Fernando Gutiérrez Almeira




De un  modo u otro son las ausencias las que enmarcan toda nuestra vida, la que la acosan por todas partes mostrándoles sus límites y su precariedad a nuestra conciencia. La oscuridad, el hambre, el frío, la sed, la soledad, y así sucesivamente hasta llegar a la muerte,  a través de la cual se ausentan los seres queridos y finalmente somos nosotros mismos los ausentes. De todas ellas la que debería resultarnos más visible y sin embargo por momentos nos resulta invisible es la ausencia del otro, es decir, la soledad. ¿Por qué es tan difícil dar cuenta de la propia soledad o de la soledad del otro? ¿Por qué no le damos en nuestro criterio el peso trágico que en realidad puede llegar a tener? 

        Escuchaba yo decir en ciertas conferencias que por un lado las adicciones de cualquier tipo, incluyendo las peligrosas adicciones a las drogas, se facilitan cuando el individuo carece de apropiadas conexiones afectivas, emocionales, sociales, es decir, cuando padece de soledad, y por otro lado, que la soledad no es una mera situación sino que implica todo un estado psicosomático en el que el individuo entra en una vigilante autopreservación al percibir de un modo inconciente que la falta de respaldo afectivo, emocional y social lo vuelve vulnerable a las agresiones. Con solo estas dos pautas ya es suficiente para decir que la soledad implica riesgos, peligros auténticos, para la salud mental y física de las personas, conllevando una condición de precariedad psicológica y una tendencia nociva a la obturación de esa precariedad por caminos patológicos.

Sin necesidad de apelar a aquellos hechos ya sería suficiente para que le diéramos importancia a la soledad como una amenazante sombra  la constatación de que todos de un modo u otro consideramos que la soledad no es el simple permanecer apartado de manera física que bien pudiera ser apetecido de algún modo, sino que es la desconexión profunda de la persona en su comunicación con los demás, es la ausencia del otro en el más doloroso sentido, dolor que se siente y sufre y que podemos considerar como una de las causas de muchos suicidios, de la depresión, de una atenazante angustia no muy distinta a la de estar encarcelado, aislado físicamente en lo hondo de un calabozo. La soledad duele y de ese dolor pueden partir señales de impotencia revertida en un ansia de omnipotencia y rechazo, de ruptura social, incluyendo, podemos suponerlo, arrebatos de desesperación violenta.

Tal vez no reconocemos el peso de la soledad en los que la sufren porque socialmente hemos llegado a considerar que la soledad es un estado de fracaso y vivimos en una sociedad en la que el fracaso es una vergüenza y el éxito la meta. Bajo este punto de vista, quien padece de soledad es una persona socialmente fracasada y por lo tanto, alguien que ante nuestros ojos y ante si misma, representa un estado vergonzoso que conciente o inconcientemente tendemos a rechazar. Con ello, para colmo, la tendencia general de los otros frente al individuo espiritualmente aislado, coartado en su afectividad, emotividad y vida social, es la del rechazo, la del oprobio risueño, la de la condena, multiplicando agudamente la sensación de soledad que ese individuo experimenta, empujándolo aún más hacia un rincón oscuro donde debería quedar olvidado. El gesto de llevar al que sufre de soledad a la luz de los afectos, las emociones, la vida social, es un gesto solidario que la sociedad en que vivimos no alienta sino que, por el contrario, desalienta y margina, lo cual explica el hecho de que quienes padecen soledad muchas veces prefieren ocultar o minimizar la importancia vital de su situación.

Se suele decir de muchas maneras que el amor, la amistad, los afectos, las emociones compartidas, la vida en común, etc. con su provisión de abrazos, besos, palabras cálidas, miradas comprensivas, e infinidad de otros gestos que tienden en su conjunto a la conexión de la persona con la presencia del otro, con la disponibilidad del otro como persona, es un elemento esencial de nuestras vidas, pero al mismo tiempo la educación, los ámbitos sociales e institucionales que hemos creado, e incluso la institución familiar misma, giran alrededor de otros goznes que nada tienen que ver con la necesidad de conectarse y comunicarse. Se tiene cierta asunción inconciente de vez en cuando sobre la importancia de crear situaciones o ámbitos que permitan el intercambio sentimental y emocional, pero no se piensa esto con la suficiente claridad ni se desarrolla intencionalmente como objetivo el evitar que las personas padezcan  soledad.

Se ha dicho muchas veces que la ambición de poder es natural y por lo tanto irreprochablemente inherente al individuo humano, pero al decirlo no se ha pensado en el modo en que el fenómeno de la soledad conduce a la postura egocéntrica y abusiva. Lo cierto es que bien podemos esperar de las personas que viven socialmente desconectadas, que sufren una dolorosa desconexión emocional con los demás, que su respuesta a esa situación sea la de forzar las relaciones sociales en el sentido de sujetar al otro por el imperio de su propia voluntad, obligando al otro a un reconocimiento no ya solicitado sino impuesto. Del doloroso estado de soledad pueden pasar así, las personas, a una violenta  visibilización y ostentación de si mismos sometiendo a los demás, haciendo que los demás sucumban en una comunicación asimétrica por el ejercicio de la dominación. Con esto quiero decir que una sociedad que cultive los afectos, las empatías, que mitigue lo más posible mediante el amor, la solidaridad y la consideración mutua, el aislamiento social, probablemente será siempre mucho más exitosa en evitar las relaciones de dominación y en limitar psicológicamente la ambición de poder y la crueldad desatada.


La vida mental en las redes sociales parece ser una nueva respuesta frente a la amenaza de la soledad, pero en realidad no puede ser más que un tortuoso sucedáneo si se pretende que ese sea su principal objetivo y no el de ser simplemente una manera distante y pobremente afectiva de comunicación. Por otra parte, cada vez más la familia parece dar una menor respuesta a la necesidad del individuo de existir en presencia y no en ausencia del otro, de existir en la mirada del otro, sintiéndose conectado, comprendido, apreciado, querido. Por lo tanto, se vuelve de gran importancia para todos el pensar en esto, en la necesidad que todos tenemos de convivir y no solo de vivir, construyendo una sociedad permeada de posibilidades de participación, acercamiento, confluencia. La educación misma debe repensarse dando su lugar, su verdadera importancia, al desarrollo afectivo, emocional y social de las personas. La inercia del anonimato juega en contra, las estructuras de dominación que infiltran todas las relaciones humanas juegan aún más en contra, pero eso no debe ser argumento suficiente como para renunciar a la construcción de los lazos, y a la virtud y la dicha de vivir la vida juntos, vivirla como algo que no se nos da por separado a cada uno sino que se nos da como un pan sagrado que debemos compartir sentados en una misma mesa.


sábado, 20 de febrero de 2016

La violencia radical del capitalismo




 Todo desequilibrio en las relaciones humanas puede inducir el desajuste conflictivo de esas relaciones. Inclinada la balanza hacia un lado o hacia el otro en la interacción entre las personas esta inclinación puede dar lugar a un deslizamiento y una caída, a heridas que pueden ser meramente intelectuales o emocionales, pero que pueden ser también físicas o integralmente destructivas. Así pues, atender a esos desequilibrios es el modo fundamental de prevenir el conflicto, la violencia, el desastre social, interpersonal, familiar, etc. Un ejemplo sencillo de desequilibrio, en esta caso inevitable, en las relaciones humanas, es el que existe entre los niños y sus criadores. En general los criadores superan a los niños en fuerza física, en desarrollo intelectual, en poder económico, y se encuentran en la situación de imponer su voluntad sobre los niños modelando sus conductas y sus pensamientos según sus propios fines. Dado el desequilibrio inicial entre niño y criador éste necesariamente abre la puerta a situaciones en que los niños son víctimas de abuso, violencia, brutalidad en formas profundamente insoportables, situaciones que no necesariamente han de darse pero que pueden darse desde el momento en que ese desequilibrio existe y determina la tendencia al desajuste en la relación entre el niño y sus criadores. Así pues, si una sociedad no quiere que la crianza de los niños, inevitablemente desequilibrada desde el punto de vista del poder que puede ejercer el criador sobre los niños, sea caldo de cultivo de brutalidades que dejarán en las nuevas generaciones heridas físicas y psicológicas por las que la propia sociedad pagará luego un precio muy alto, es necesario que atienda a ese desequilibrio de todas las maneras posibles, generando mecanismos sociales de compensación claros, como puede ser el establecer una legislación que ampare ampliamente a los niños en su salud mental y física, acompañada quizás por medios de contralor, asistencia y educación regulados socialmente, como lo es la educación escolar. La escuela, incluso, debería convertirse en un vehículo para observar y atender la situación de crianza, tendiendo la sociedad de este modo a asegurarse de que los criadores no abusen de sus privilegios frente a los niños.

     Con el ejemplo de la crianza de los niños quise mostrar hasta aquí un esquema básico de lo que vengo a decir: que en las relaciones humanas existen toda clase de desequilibrios, algunos inevitables como los que existen entre criadores y niños, otros evitables como los que existen entre hombre y mujer; también que esos desequilibrios abren la puerta a los abusos de poder, a los desajustes conductuales que terminan introduciendo en la sociedad patologías que tienden a descomponerla, a fracturarla; y que la sociedad debe desarrollar medios de prevención de esas posibles patologías atendiendo seriamente a la existencia de esos desequilibrios, procurando atenuarlos o compensarlos mediante mecanismos normativos, atenciones especiales, contralores de todo tipo. Hay pues la necesidad, me parece a mí, de establecer como regla general de construcción de la convivencia social el que esta se construya procurando de manera sistemática prevenir la violencia, el conflicto, el abuso de poder, mediante políticas dirigidas a compensar los desequilibrios inherentes o históricos en las relaciones humanas. Si una sociedad no tiene como principio básico de su construcción la política de compensación de los desequilibrios sociales, entonces esa sociedad inevitablemente se construye de manera endeble, invadida por toda clase de violencias y fracturas. Eso es lo que justamente ocurre con la sociedad capitalista actual pues ella se ha construido sin atender de ningún modo al principal desequilibrio que la trastorna, deforma, fractura, y hace continuamente fracasar como ámbito de coexistencia pacífica entre las personas: se ha construido en torno a una profunda falla, un profundo abismo que es el abismo entre los que tienen todo y los que no tienen nada. Se puede decir, a este respecto, que los estados nacionales y las organizaciones internacionales han implementado mecanismos impositivos y de donación tendientes a compensar esta fundamental falla estructural de la sociedad capitalista, pero creer que esos mecanismos pueden realmente tener un efecto real duradero y no simplemente paliativo y fugaz, como lo hacen los llamados gobiernos “progresistas” en el sentido de suturar esa falla, es ignorar de manera realmente ridícula que esa fractura, la fractura económica, no es un elemento foráneo en la constitución del capitalismo sino en realidad su elemento esencial. La sociedad capitalista no solo padece de una profunda desigualdad económica, sino que se basa en esa desigualdad, se organiza alrededor de esa herida sangrante, florece y da frutos alrededor de ella.

     Con lo dicho anteriormente podemos concluir que la sociedad capitalista no puede ser una sociedad pacífica, no puede ser una sociedad tendiente a la pacificación de las relaciones humanas, sino que por su inherente carácter conflictivo ella es el caldo de cultivo perfecto para la internalización y externalización de toda clase de violencias, para el abuso de poder, para la violación de cualquier derecho humano. Ella se fundamenta no en la compensación de los desequilibrios sino en un radical desequilibrio que habilita todos los demás desequilibrios. Quienes procuran que esta sociedad desarrolle compensaciones de desequilibrios en torno a otros ejes de acción como ser la relación entre niños y criadores, o entre hombres y mujeres, se equivocan si esperan un éxito real en su cometido sin que se atienda al profundo abismo de la desigualdad económica en torno al cual gira la sociedad capitalista desarrollándose violenta e irracionalmente, sin posibilidad de que los mecanismos de compensación que se construyan terminen derrumbándose una y otra vez por todas partes. Y no solo se trata de que esta sociedad está radicalmente fracturada y enferma de violencia, sino que incluso se trata de que es capaz de convertir esa violencia en una de sus producciones más desarrolladas, en una de sus externalizaciones más exitosas y explosivas. Esta sociedad no solo se enraiza en el conflicto sino que alimentándose de él, lo potencia en forma de criminalidad mafiosa, corporativa, etc. o en la forma de la brutalidad militar, de los abusos de la neoesclavitud, etc. No es posible atender a ningún desequilibrio particular sin engañarse respecto al éxito de la empresa mientras no se atienda al desequilibrio inherente a la sociedad capitalista, que es el económico. Pero si esta sociedad se basa en la existencia misma de esa desigualdad, de ese desequilibrio, entonces necesariamente la resolución de los conflictos humanos depende enteramente de que esta sociedad tal y como está constituida, se desintegre y abra paso a una nueva forma de convivencia entre los seres humanos. En el pasado los antiguos socialistas entendieron la necesidad de realizar esta gigantesca transformación pero no vieron que los medios que proponían para alcanzarlos eran de nuevo el planteo de la conflictividad como algo necesario e ineludible, con lo cual terminaron reafirmando los desequilibrios y los abusos, sin poder concretar su proyecto. Yo pienso, en cambio, que hemos de esperar a que en este siglo o tal vez en el siguiente, todas las naciones del mundo alcancen la capacidad de proponer con autonomía su destino al resto de las naciones, de tal modo que este estado de las relaciones geopolíticas permita en primer lugar el final de las guerras y en segundo lugar la construcción de una sociedad globalmente razonada, donde se imponga, quizás, la renta básica universal, una modificación adecuada de las normas que regulan la herencia de la riqueza, una legislación internacional que elimine los desequilibrios macroeconómicos en el intercambio global, etc. Mientras tanto todo esto debe ser pensado, incluyendo la construcción que cada nación ha de hacer de sí misma para lograr situarse en el tablero del mundo como un interlocutor al que hay que respetar y no aplastar. En fin, pienso que quizás el camino para derivar de esta sociedad en la que vivimos una nueva sociedad que no se fundamente en la desigualdad y el conflicto, es el logro de un equilibrio entre las naciones y el final de todas las hegemonías geopolíticas.
     



domingo, 14 de febrero de 2016

Reivindicación de la inteligencia humana


Por Fernando Gutiérrez Almeira



Tomé un lápiz y un papel y comencé a desarrollar sobre el papel un recorrido, algo que podríamos llamar un patrón o diseño. El resultado fue el que se puede ver en el dibujo con que acompaño este texto. Ahora mi pregunta es: Si un observador que no sabe el origen de este dibujo sobre el papel se enfrenta a la necesidad de determinar si se trata del producto de una actividad inteligente o no, ¿qué diría? Si considerase que los materiales implicados en el proceso son el producto de un diseño técnico desde el arranque ya le resultaría fácil decir que se trata de una producción inteligente aún sin considerar las características del dibujo así que supongamos que el observador no puede utilizar como elemento de prueba la modificación técnica que los materiales presentan. Limitándose puramente a la consideración del dibujo debería tener en cuenta, a su vez, que en la naturaleza se presentan muchos patrones complejos, que aunque no puedan ser considerados diseños inteligentes, en el sentido de ser patrones producidos por una inteligencia, si tienen características muy similares a muchas de las cosas que nosotros mismos diseñamos de manera inteligente, por ejemplo los caparazones de muchos moluscos, las formaciones cristalinas, las estructuras de carácter geométrico en el cuerpo de los seres vivos, etc. Así que se preguntará, nuestro observador, si el patrón que ve sobre el papel puede ser el producto de un proceso natural no inteligente. Ahora bien, si fuera yo el que tuviera que responder bajo esas condiciones, diría que cualquiera de las dos respuestas resultan válidas, es decir, que bien pudiera ser un patrón producido por un proceso natural no inteligente, como lo es el patrón que podemos ver en el caparazón de la tortuga radiada de Madagascar.





 Lo que acabo de decir puede parecer una afirmación más al pasar, sin la menor trascendencia, pero resulta que lo que acabo de decir es que no veo posible, en lo fundamental distinguir la actividad inteligente de la actividad no inteligente en la producción de patrones…y que no parece haber un criterio claro por ningún lado para distinguir diseños inteligentes de patrones naturales. Esto bien podría servir como argumento para aquellos que consideran que la naturaleza es un producto de una inteligencia cósmica de fondo, de una conciencia de fondo, pero yo prefiero decir, por el contrario, que lo que permite afirmar este hecho tan simple de constatar es que la inteligencia es un proceso natural como cualquier otro, y que la producción de diseños por una inteligencia no es un fenómeno radicalmente distinto de la producción de patrones por parte de fenómenos naturales. Porque en realidad para llegar a esta situación tan intrigante en nuestra disquisición hemos obviado que mi dibujo se desarrolló sobre materiales modificados técnicamente, y que si el observador tuviera en cuenta esto, podría decir con mayor seguridad que el dibujo y la hoja que lo contiene son el producto de una inteligencia, están diseñados inteligentemente. Así que ahora tenemos una conclusión más amplia que asumir. Por un lado podemos asumir que hay una profunda continuidad entre la inteligencia con sus diseños y la producción natural de patrones, y por el otro también podemos decir que la ruptura que nos permite distinguir el diseño inteligente de la producción no inteligente de patrones es la presencia de la modificación técnica. Pero, ¿qué es la modificación técnica? Bueno, supongamos que el observador realiza un análisis químico del papel sin saber en principio que se trata de papel y que también analiza el rastro del lápiz. Lo que debe descubrir es que en los materiales, y en la forma en que se presentan los materiales ha intervenido un ser vivo, pues eso es, en principio, la técnica: la intervención de un ser vivo sobre sustancias u objetos a fin de utilizarlos para sus fines. Si nos quedáramos en este punto, podríamos decir que el observador se encontraría plenamente satisfecho y seguro de haber encontrado inteligencia en mi dibujo al descubrir en el la presencia de la intervención intencional de un ser vivo en la formación de los materiales además de la presencia de patrones complejos en el dibujo, que por lo tanto podría catalogarlo de dibujo. Sin embargo, aún le quedaría una duda, pues es cierto también que muchos animales a los que no consideramos inteligentes producen patrones complejos modificando intencionalmente objetos y sustancias y para ejemplo alcanza con recordar el nido del hornero…


Se me puede decir a esta altura que una actitud realista por parte de nuestro observador hipotético le podría permitir rápidamente después de los análisis químicos, estructurales y demás, de mi papel con su dibujo, concluir sin lugar a dudas que se trata de un diseño inteligente. Pero veamos el asunto desde otro punto de vista. ¿Qué pasaría si dicho observador tuviera que determinar si el nido del hornero es el producto de una inteligencia o no lo es? Se encontraría con que no solo hay en él un patrón complejo sino una intervención intencional y muy utilitaria para la obtención de un objeto, de un instrumento, a partir de sustancias modificadas. Si para el la técnica se redujera a esta clase de intervención no podría menos que decir que los horneros son seres inteligentes. Y de nuevo aquí me permito decir que no solo nuestra inteligencia presenta una profunda identidad de fondo con las características de cualquier proceso natural no inteligente, sino que tiene incluso una tremenda hermandad con la actividad mental de seres vivos como el hornero a los cuales no consideramos, sin embargo, inteligentes. Podríamos decir, para cerrar el caso, que los horneros tienen algún grado de inteligencia, y no parece que se puedan dar grandes objeciones al respecto, pero prefiero decir, en cambio, que nuestra inteligencia no se distingue mucho, en principio, de la actividad mental de muchos otros seres vivos. Así pues, queda pendiente tratar de determinar si aún queda alguna manera de averiguar por parte de nuestro observador hipotético si mi dibujo no será en realidad la producción de un ser vivo no inteligente pero que puede realizar acciones muy similares a las acciones técnicas. En realidad, aunque a esta altura pareciera que finalmente voy a decir que no hay manera en que dicho observador puede acertar sobre si mi dibujo es o no un diseño inteligente, un dato fundamental que le permitirá definir que es así es justamente el análisis químico del rastro del lápiz y del papel, pues este no solo permite determinar la presencia de la intervención de un ser vivo en su constitución sino algo mucho más importante y es que ese ser vivo es capaz de realizar modificaciones químicas controladas a partir del CONTROL DE LA ENERGÍA. En ese sentido la forma más simple en que se podría constatar la presencia de inteligencia en cualquier parte es a través de rastros de alimentos cocidos, pues el control del fuego para cocinar debe ser, pienso, la más simple forma de expresión de la inteligencia bajo ese criterio.


Otro dato fundamental, que también podemos agregar como criterio del observador para determinar la naturaleza intelectual de mi dibujo, es el hecho de que el rastro del lápiz exhibe la presencia del uso de un instrumento para crearlo, es decir, que no se trata de un mero patrón realizado por un ser vivo sino de un patrón realizado por un ser vivo mediante un instrumento, o bien, un PATRÓN INSTRUMENTAL. Así por ejemplo el nido del hornero es, sin lugar a dudas, un patrón realizado por un ser vivo, pero en la creación del mismo no interviene un instrumento destinado a desarrollarlo, y recíprocamente, si se consideran los instrumentos de piedra creados por el ser humano primitivo, incluso por nuestro antecesor el homo erectus, se puede constatar que para su creación debieron usarse otros instrumentos de piedra, aunque más no sea las propias piedras sin modificar. Esto quiere decir que debemos considerar que un diseño inteligente es un patrón instrumental, es decir, generado mediante instrumentos.


Pero no es casual que haya mencionado al homo erectus porque si bien fue capaz de controlar el fuego y producir herramientas de piedra, no necesariamente podemos decir que se trató de un ser realmente inteligente, sino de una manera apenas incipiente, con una especie de proto-inteligencia. En todo caso, el que poseyera estas capacidades, la capacidad de utilizar instrumentos y de controlar la energía, ya lo perfilaba en dirección a la vida inteligente de la cual somos representantes y eso nos permite decir que no hay una clara delimitación a este nivel de análisis y de prueba entre vida inteligente y vida no inteligente y que aún podríamos esperar que el observador pensase que bajo estas condiciones se podria dudar de la naturaleza inteligente de mi dibujo. Por lo tanto, hagamos un último esfuerzo para dar a nuestro observador un criterio definitivo que le permita determinar claramente que esta ante un diseño inteligente. Para ello consideremos la función misma del papel y del lápiz, la funcionalidad de ambos instrumentos en su combinación: ¿para qué los utilizamos? Lo primero que se nos viene a la mente, pienso yo, es que los utilizamos para representar, porque nos vemos tentados a pensar, en principio, que mi dibujo y cualquier diseño que planteemos con el lápiz sobre el papel terminan siendo una representación. Pero en realidad yo expresamente evité desarrollar un dibujo que se pudiera tomar como una representación, es decir, como un intento de recrear la forma de un objeto preexistente como podría ser el sol o un árbol o una persona. No se trata de una escritura, ni de una representación, sino de lo que podriamos llamar DISEÑO EXPRESIVO. La primera forma de DISEÑO EXPRESIVO prehistórica que se conoce es la impresión de la huella de las manos y pienso que es la más elemental, atreviéndome a decir que es el indicio claro de que surgían finalmente en nuestro planeta los seres inteligentes.


 Dejemos bien claro que el DISEÑO EXPRESIVO exige por un lado que exista DISEÑO INTELIGENTE, MANEJO DE INSTRUMENTOS y CONTROL DE LA ENERGÍA, y por el otro que debe distinguirse de los procesos de representación o de producción de signos para la comunicación. El diseño expresivo (que tal vez podríamos considerar la forma más elemental del arte) es un indicio de inteligencia en la producción técnica y no podemos decir, pienso yo, que hay con seguridad técnica hasta no encontrar el diseño expresivo entre las modificaciones intencionales que produce un ser vivo al crear diseños. Bajo esta definición mi dibujo se vuelve fehacientemente el producto de una inteligencia que abarca necesariamente estos tres atributos: la capacidad de utilizar instrumentos, la capacidad de controlar la energía y la capacidad de expresarse mediante diseños. En mi dibujo, en cambio, no hay representación ni significación, por lo cual puedo decir que el lenguaje es una producción ulterior de la inteligencia y no lo que la define como tal. Con esto último quiero responder a la continua afirmación que muchos realizan en el sentido de que lo que define a la inteligencia humana es la producción de representaciones y signos, o la existencia de un lenguaje. Esto no es cierto, pues, así como la impresión de manos de los seres humanos antiguos no es más que el acto de plasmar la forma por si misma, en cuanto diseño expresivo y técnica que no representa nada ni significa nada, así también podemos producir inteligentemente infinidad de diseños a cual más sofisticado que tampoco representan ni significan nada, como ocurre con la mayoría de los diseños geométricos…


Es importante entender esto último porque es costumbre entre los amantes del lenguaje pretender que el pensamiento y la inteligencia se reducen a meras adyacencias del habla y la escritura, o bien, que la conceptualización y producción técnica humanas no son más que una derivación de las capacidades de representar y significar. Al contrario, afirmo basándome en toda la argumentación que he desarrollado, que el habla articulada técnicamente (la técnica del habla) y la técnica de la escritura, son desarrollos posteriores de la capacidad técnica de nuestra inteligencia aplicadas a la comunicación social. Es decir, el lenguaje humano es una producción técnica, tanto a nivel del habla como a nivel de la escritura, mientras que el pensamiento existe ya en la forma en que yo he realizado mi dibujo no representacional y no sígnico, es decir, en la forma del despliegue del diseño expresivo y la técnica. Con lo cual estoy diciendo que pensar es diseñar técnicamente en nuestra mente lo que luego diseñaremos en concreto utilizando los objetos y sustancias que nos rodean y así como podemos pensar palabras, con lo cual estamos de algún modo realizando una anticipación mental interna del habla y de la escritura, así también podemos pensar acciones, movimientos, formas, colores, combinaciones de objetos y de sustancias, y así infinitamente, no existiendo frontera entre pensamiento verbal y no verbal. Incluso, diré, el pensamiento no necesariamente se presenta como una anticipación de la acción técnica posterior, sino que puede darse mientras actuamos, como cuando un bailarín realiza una danza compleja o un músico toca una impactante sinfonía. ¿Diremos acaso que el pianista que despliega durante una hora una magistral técnica musical no está pensando mientras se concentra en su partitura, en el uso de su instrumento, etc.? De ningún modo, porque la música desde el punto de vista del artista que la produce también es una forma del pensamiento, de la aplicación de la inteligencia a la producción conceptual, y sin duda de las más sofisticadas.



En fin, que el lenguaje articulado y la escritura sean técnicas privilegiadas con las que logramos captar el mundo, permitiéndonos desarrollar el conocimiento filosófico y científico, no quiere decir que debamos creer que el pensamiento y la inteligencia solo son derivaciones del dominio del lenguaje. Esto, además de falso, va en detrimento de nuestra comprensión de la naturaleza misma de nuestra inteligencia y de su ligazón profunda con los procesos naturales y las conductas de los demás seres vivos y nuestros antepasados biológicos. Pero no solo eso, sino que es un síntoma de que quienes han mantenido el dominio de la cultura mediante el dominio del lenguaje, y sobre todo de la escritura y de la producción escrita, se han puesto a si mismos en el centro de lo humano, llamándose a sí mismos inteligentes y civilizados, mientras menospreciaban a todos los pueblos que no han podido detentar ese dominio. La reducción del pensamiento al lenguaje conlleva la reivindicación del sometimiento mediante la imposición de las representaciones, las palabras y los símbolos, es decir, está asociada al ejercicio de la hegemonía cultural.

lunes, 8 de febrero de 2016

El pensamiento crítico



Por Fernando Gutiérrez Almeira

El pensamiento crítico, aquel que nace del concepto de libertad y del reclamo de libertad para las personas y los pueblos, y que solo existe en la medida en que la libertad de pensamiento es ejercida, necesita continuamente reorientarse frente a la tendencia a confirmar lo existente, lo dado, y a anular las alternativas, que caracteriza a las instituciones establecidas y a los intereses particulares o corporativos que eligen esas instituciones para la confirmación, a su vez, de sus  privilegios sociales. Y puesto que hoy en día los intereses corporativos que modelan para sí las instituciones han extendido su influencia y poderío a nivel planetario no solo por encima del alcance del pensamiento y la acción individual sino incluso por encima de las soberanía de los pueblos, esa necesidad se hace hoy más urgente que nunca, más valiosa que nunca a los fines de conservar la posibilidad de abrir una brecha en la institucionalidad frente a la coerción dominante.

Para lograr esta reorientación continua el pensamiento crítico necesita en primer lugar auto-cuestionarse como tal, en sus fundamentos, con lo cual se vuelve necesario reconsiderar una y otra vez los conceptos de libertad, de posibilidad con los que juega pero también reconsiderar las cualidades que en sí mismo debe llevar y que lo constituyen como tal. Aquí es importante recordar la importancia del estudio lógico, de la investigación dialéctica, del reconocimiento de las falacias y trampas del lenguaje. Sin estudio lógico el pensamiento no puede orientarse adecuadamente hacia el conocimiento de lo real, sin investigación dialéctica no puede mantener el dinamismo conceptual que evita la concrescencia de las ideas en fijezas claudicantes, sin el reconocimiento de las falacias y trampas del lenguaje no es posible contrarrestar y poner en tela de juicio las estrategias del discurso dominante.

Y ya se puede entrever en lo que afirmé hasta aquí que el pensamiento crítico debe no ser solamente autocrítico sino atento a la realidad, investigativo, y por sobre todas las cosas, atento a los orígenes, los desenvolvimientos y las consecuencias aparentes o invisibilizadas de la dominación y del discurso dominante. Sin una investigación constante de las estrategias que se desarrollan desde las instituciones establecidas, desde los medios de expresión consolidados, desde los corporativismos no solo económicos sino también ideológicos, religiosos, políticos, estatales, etc. , es practicamente imposible ejercerlo eficazmente como motor de la acción social. Pero no se trata solo de atender al aquí y ahora de la dominación sino de atender, aún más, a la dominación en sí y sus raíces mentales, históricas, sociales, pues esta investigación es imprescindible en un sentido muy preciso: allí donde la dominación triunfa, donde las relaciones humanas quedan supeditadas a fines que postergan o contradicen el fin de la libertad individual y la libre convivencia de los pueblos, el pensamiento crítico tiende a ser relegado, reprimido o directamente suprimido. Es pues una cuestión de sobrevivencia del pensamiento crítico el tratar de comprender el fenómeno de la dominación tanto en sus orígenes y características como en los modos en que se expande y consolida.

Si el pensamiento crítico debe estar enfocado desde la realidad y hacia ella, es de suma importancia que encuentre su argumentación en los hechos y para los hechos y no en elucubraciones despegadas de los mismos. Por ello es importante ligar permanentemente el discurso crítico al discurso científico y atender a las evoluciones de este, a los cambios que este experimenta como posibles fuentes de reorientación de la crítica de lo real dado. También hay que destacar la ligadura inamovible entre pensamiento crítico y pensamiento filosófico aunque esta ligadura no signifique su identificación. El pensamiento filosófico es una continua fuente de ideas nuevas, de conceptos nuevos que pueden servir de elemento constructivo del discurso crítico. En fin, que el pensamiento crítico debe beber de las fuentes de la ciencia y la filosofía y expresarse, incluso, en los términos en que estas se expresan.

Para terminar quiero recordar que sin el ejercicio continuo de la duda, sin un ejercicio metódico de la duda en todas direcciones y con la mayor profundidad posible, el pensamiento crítico no se sostiene sino que tiende a disolverse para que en su lugar se consoliden sistemas de creencias con pretensiones críticas pero que en el fondo no son más que estructuras de pensamiento que han sido absorbidas por alguna forma de institucionalización. El pensamiento crítico florece donde los sistemas de creencias no se imponen, donde los defensores de las etiquetas ismicas no impugnan continuamente la discrepancia y buscan un oponente, una contraposición fija, contraposición que no es necesaria al pensamiento crítico sino, por el contrario, al ejercicio de un discurso y de una posición dominante. Y para el ejercicio de la duda hay que partir de la constatación paradojal de que no hay posiciones teóricas definitivas jamás, de que no hay un centro absoluto del cual partir, de que el error y la paradoja misma son raíces móviles de un pensamiento que no admite detenerse en meros productos pensados.